Si las políticas de seguridad vial van a poner el foco en el peatón, es de recibo incluir entre las posibles medidas de futuro la expulsión de los ciclistas de las aceras, donde se hacen evidentes ciertos choques de convivencia con las personas que van a pie. Así lo adelantó el alcalde Xavier Trias hace una par de semanas cuando dijo que la ordenanza que se está cocinando obligará a las bicis a bajar a la calzada. Ayer, después de que nadie en el ayuntamiento le haya desmentido ni tan siquiera matizado, puntualizó que la idea es «sacar las bicicletas de según qué aceras».
Información publicada en la página 38 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 12 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La concejalía de Movilidad trabaja desde principios de año en un informe sobre la situación actual de los carriles bici. Cuando se hizo público el inicio de este estudio, el consistorio prometió que las conclusiones se presentarían «antes de verano». Al parecer, el tema ha debido de complicarse, puesto que el alcalde adelantó ayer que habrá que esperar hasta finales de año para poder saborear el diagnóstico. En cualquier caso, tras escuchar al líder de CiU, parece que aún no está claro cuál debe ser el hábitat definitivo de la bici. La ordenanza obliga a usar los viales ciclistas o la calzada en su defecto, y limita las aceras a aquellas con un mínimo de cinco metros de ancho.
Después de matizar sus palabras, Trias puso como ejemplo negativo la «auténtica locura» de la Diagonal, donde viandantes y ciclistas comparten un espacio muy reducido y la incomodidad es tan evidente como conocida. «Por concepto no deben ir por la acera. No puede ser que la bicicleta compita con el peatón», sentenció el alcalde, que también censuró a aquellos que usan el timbre para que les dejen pedalear sin obstáculos por el Portal de l'Àngel.
Trias resumió su hoja de ruta diciendo que hace falta «poner orden». Adelantó que se permitirá la circulación a pedales por algunas aceras suficientemente anchas e invitó a pasar página de aquellos tiempos «en los que la bicicleta creía que podía ir por donde quisiera».