El próximo 1 de julio, Xavier Trias cumple su primer aniversario como alcalde de Barcelona. Un año plácido, de hecho. Salvado por el nacionalista sin apenas rasguños de importancia, como se pudo comprobar ayer en la encuesta de EL PERIÓDICO. Y eso a pesar de tener la mayor minoría (valga el oximoron) de la historia reciente del ayuntamiento, 14 concejales. Y eso a pesar de tener la peor coyuntura económica, como mínimo desde la crisis del petróleo, en los porciolistas 70. ¿Y cuál es el secreto? Porque desgaste por los recortes ha habido. Zozobra por la falta de apoyos en el pleno, también. Y errores en su gobierno, por supuesto. La respuesta es doble. Primero, los asesores de Trias han sabido aislar al alcalde de todo lo malo que ocurre en la ciudad. Trias es el alcalde de las buenas noticias. Los que lidian con los recortes en las guarderías y los que tienen que envainarse el proyecto de Glòries, por poner dos ejemplos, es la fiel infantería. Y segundo, la habilidad del alcalde para llegar a acuerdos con otras fuerzas.
La plaza de las Glòries cuyo futuro Xavier Trias sigue sin aclarar, con la estructura avanzada (derecha) del nuevo mercado de los Encants, ayer. ÁLVARO MONGE
Información publicada en la página 40 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 21 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
En otoño, el alcalde se valió de la carta de la responsabilidad conjunta para llegar a un pacto con el PP. Con la que estaba cayendo, la elaboración de unas cuentas para el 2012 era poco menos que una obligación. El PP compró, sin duda ilusionado por creer que las urnas dictaban más que un cambio en las políticas una revolución en las medidas. El PSC, aun bajo el mando de Hereu, se quitó de en medio. «Los barceloneses prefieren otro modelo de ciudad, el de la derecha», dijeron entonces.
Con el acuerdo de presupuestos ya consumado, el PP buscaba ya fecha para el enlace matrimonial. Pero la oferta de Trias nunca llegó. La urticaria de carácter nacionalista que producía en algunos miembros del gobierno la posibilidad de unirse en gobierno y, también, la idea de atarse al partido que debía capear la tormenta económica, frustraron la boda. Algo que, seguramente, entre rescate y rescate, deben de agradecer los 14 concejales.
Para el guión de mandato, el PAM, Trias jugó la carta del miedo. Descartado el PP, el PSC empezó a temer que si no se prestaba siquiera a negociar podría convertir al alcalde en una víctima. Esto y la necesidad de Jordi Martí de ganar un poco de notoriedad sentó al PSC a la mesa.
Y más allá de los pactos, cuando la polémica o el descontento ha arreciado, los mismos concejales se han empleado a fondo como escudo. Algo que, la comparación es inevitable, pocas veces ocurría con Jordi Hereu. El recorte de las guarderías, el exceso de suciedad en las calles o hasta el más mínimo problema urbanístico se hubiera cargado antes a las espaldas de Hereu.
OTRO URBANISMO /Porque una cosa es lidiar con los recortes, obligadas por los tiempos y que habrá quien defiende como hay quien los ataca, y otra que todas las enmendallas realizadas por el gobierno de Trias provengan del mismo flanco.
La cúpula de Hábitat Urbano llegó al ayuntamiento con su propio modelo de ciudad bajo el brazo. Para aplicarlo no ha dudado en deshacer consensos ya alcanzados sobre proyectos, por no encajar con su filosofía, y proponer otros sin un acuerdo previo. El paradigma de lo anterior es la reforma de Glòries. Más allá de demostradas anécdotas, como el estudio para colocar en el espacio el Parlament de Catalunya, Glòries supuso el primer gran revolcón del gobierno en el pleno municipal.
Fue presentado sin tener ningún tipo de cobertura con los grupos, y 10 días después, rechazado por el plenario y, al tiempo, creada una comisión para buscar una salida pactada. A ciencia cierta, aún no se sabe qué proyecto se va a hacer, aunque está previsto ya convocar el concurso internacional para urbanizar la plaza.
OTRAS POLÉMICAS / Hay otros ejemplos. Can Batlló o la urbanización de la cobertura de las vías de Sants, por ejemplo. E incluso espacio para otro revolcón simbólico, y con un poco de mala gaita de la oposición, como el rechazo, también por el plenario, del proyecto estrella de campaña y que, sin embargo, aún no ha llegado ni a ser presentado: el Blau@Ictínea. En el horizonte se adivinan ya nuevos nubarrones: Dentro del plan de Hábitat se halla también poner el ojo en la intervención de los aledaños de la estación de la Sagrera. Se prometen emociones a porrillo.