El Parc Agrari del Baix Llobregat, que tal vez en breve pase a llamarse Eurovegas, celebró el pasado lunes al atardecer la que espera que no sea su última cena. Es un encuentro anual al que básicamente acude lo mejor de la literatura gastronómica del país para conocer los secretillos de algunos de los productos que allí se cultivan y, sobre todo, sus posibilidades culinarias. El tapeo con luz crepuscular fue extraordinario. Este año, sin embargo, la excursión tenía el sabor extraño de la incertidumbre. Sheldon Adelson dirá.
Payés 2.0 Enric Alaball, junto a su padre, Josep, y su madre, Tomi, rodeados de un vergel de berros. JOSEP GARCIA
Payés 2.0 Enric Alaball, junto a su padre, Josep, y su madre, Tomi, rodeados de un vergel de berros. JOSEP GARCIA
Información publicada en la página 35 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 04 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La dirección técnica del Parc Agrari parece haber hecho un voto de silencio sobre la cuestión de Eurovegas. No se pronuncia. No en vano la dirección política es policromática. Pero el director del organismo, Josep Montasell, es un libro abierto: «Ahora que tanto se habla de eficiencia, esto es una maravilla, un paisaje extremadamente productivo a solo dos pasos de Barcelona». El delta del Llobregat es una de las tres zonas más fértiles de Catalunya. Si se acierta en la rotación, un campo puede proporcionar tres o cuatro cosechas al año. No se trata de exagerar, pero la excursión organizada el pasado lunes por el Parc Agrari del Baix Llobregat parecía que quería llegar a una conclusión: ¿Tiene sentido utilizar una gallina de los huevos de oro para hacer nuggets?
En cifras, por situar las cosas, esto son 3.000 hectáreas, de ellas unas 2.000 cultivadas, y unos 1.500 puestos de trabajo. No está mal. El 15% de los productos de la huerta que se consumen en Barcelona se cultivan en el Baix Llobregat. Tampoco está nada mal.
La excursión, de hecho, incluyó una visita a un invernadero perfecto para comprender «por qué -como bromeó Montasell- cada vez cuesta más encontrar lechuga en una ensalada». Es la finca de eso que ahora está de moda llamar emprendedor. Payés, pero emprendedor. Es Enric Alaball, el hombre que está detrás del eneldo que tan bien le va al salmón, del cilantro que perfuma los ceviches, de la albahaca indispensable para un pesto, de los berros que antes crecían en los ríos y ahora en un tiesto, de la estevia que le da una alegría a los diabéticos, de la salicornia que nutre a los veganos... El Baix Llobregat es célebre por sus alcachofas. También por sus acelgas y tomates. Alaball no sabe si allí donde crecen sus rarísimos ejemplares de flor eléctrica (capaz de anestesiar las papilas gustativas) habrá el año que viene el tapete de una ruleta. «Confío en que no sea así. Y si al final les tengo de vecinos, me adaptaré». Pero se le hace extraño.
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