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Éxito de una operación de la policía catalana

«Si me tocan, trocead al 'gato'»

Los Mossos detuvieron a los secuestradores, que pedían un rescate de 5 millones a la familia

Liberado en un piso de BCN un niño de 11 años cuyos raptores amenazaron con descuartizarlo

Sábado, 6 de octubre del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
ANTONIO BAQUERO
BARCELONA

Eran los 14 mandamientos para un secuestro, las 14 consignas que los encargados de tener retenido a Kevin debían cumplir a rajatabla. Las había dictado, durante un vis-à-vis en prisión, el cerebro del secuestro de ese niño colombiano de 11 años. En esas órdenes se establecía cómo se debía custodiar al pequeño, cómo actuar en el momento de recibir el dinero y qué hacer si al instigador le ocurría algo. El texto, estaba en clave. El niño era el gato. Su madre, la gata. El padre, el peluche. Y el secuestro, la guardería. Pese a camuflar los conceptos, las órdenes del jefe de los secuestradores eran contundentes: «Si alguien me toca en prisión, se trocea al gato» o «durante el pago, encañonáis al gato».

LA LIBERACIÓN. De izquierda a derecha, y de arriba abajo, entrada de los Mossos, localización del niño, detención de la captora, corte de la mordaza y reencuentro con la madre. MOSSOS D¿ESQUADRA / EL PERIÓDICO

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LA LIBERACIÓN. De izquierda a derecha, y de arriba abajo, entrada de los Mossos, localización del niño, detención de la captora, corte de la mordaza y reencuentro con la madre.
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Información publicada en la página 36 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 06 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

En un episodio más propio de los desmanes de narcotraficantes en Ciudad Juárez, los Mossos d'Esquadra resolvieron el 27 de septiembre el secuestro del pequeño Kevin, raptado dos días antes. Los agentes del Grup Especial d'Intervenció (GEI), los geo de los Mossos, liberaron al crío en un piso de la calle de Trajà, en Sants-Montjuïc, y detuvieron a tres personas, todas ellas de nacionalidad española. Otras tres están en busca y captura.

Al niño lo hallaron en un cuarto oscuro. Uno de los agentes, pese a llevar pasamontañas y casco, una indumentaria pensada para intimidar, acercó una mano enguantada y le acarició la nuca para tranquilizarle. «Te llevamos con tus papás», le dijo al chico, que preguntó con voz temblorosa: «¿Les ha llamado mi mamá?». Al iluminarlo, vio que estaba maniatado con fuerza mediante bridas de plástico -una semana después aún tenía las marcas-. Un compañero sacó una pequeña navaja y, con cuidado, las fue cortando una a una, primero en las manos, luego en los pies, mientras el otro policía seguía calmando al chico. «No te preocupes. Hemos cogido a los malos».

INYECCIÓN DE CALMANTES / El pequeño, aunque estaba desorientado por la droga que le dieron, fue capaz de decir a los policías que sus captores le «habían inyectado algo en el hombro». En concreto, una dosis de Rivotril, un calmante para la epilepsia. Además, en el zumo le disolvían pastillas del medicamento. La razón es que cuando se las daban enteras, el pequeño las escupía. El chico fue trasladado al Hospital de Sant Joan de Déu, donde necesitó casi 10 días para recuperarse de tanto medicamento. Durante ese tiempo estuvo custodiado las 24 horas por dos mossos fuertemente armados.

Su pesadilla comenzó a gestarse semanas atrás, cuando su padre, un colombiano ingresado por tráfico de drogas en la cárcel de Valencia, habló de más ante otros presos, en concreto, mencionando un robo de drogas. Uno de quienes oyeron esa conversación era un español, preso por homicidio, que también escuchó cómo el hombre decía que tenía a su mujer y a sus hijos en Sagunto y que quería regularizarles. «Sabía que esa persona podía pagarle el rescate», explicó ayer el inspector Jordi Domènech, responsable del Àrea d'Investigació de Persones, a la que pertenecen los agentes del grupo especializado en secuestros. «Pensaban matar al niño si eran descubiertos», dice el inspector, que recuerda cómo, en su cautiverio, amenazaron al pequeño con cortarle la lengua si su familia no pagaba y con entregarle a unos torturadores.

El cerebro de la trama contactó con sus cómplices, todos drogodependientes con antecedentes por robos con violencia. A una de ellos, Marta C., que luego sería la que custodió al niño en su propio piso, le dictó en un vis-à-vis en prisión los 14 mandamientos del secuestro. De hecho, llegó a proponerle que, en lugar de drogarle, al niño se le dieran palizas.

REGULARIZAR PAPELES / Para poner en práctica su plan, ese preso se acercó al recluso colombiano y le comentó que conocía a un policía que podría proporcionarle papeles a su mujer y a su hijo, pero que estos debían desplazarse a Barcelona. Antes, la mujer intercambió unos faxes con una tal señora Vives que era la que supuestamente debía hacer de intermediaria. En realidad, esa mujer era Marta C., que en un coche les llevó a un descampado del Baix Llobregat. Allí, aparecieron cuatro encapuchados con pistolas que se llevaron al niño en un maletero.

Los secuestradores exigieron cinco millones como rescate que debían pagarse el día 29 por la tarde en un lugar cercano a la plaza de Cerdà. Los raptores aseguraron a la madre que el secuestro era para el pago de la deuda por el robo de droga cometido por el padre del chico. Lo hicieron pues querían dar la impresión de que, aunque eran españoles, trabajaban en realidad para un cártel colombiano y así dar más miedo a sus víctimas.

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