ÚLTIMA HORA La jueza imputa a Messi y a su padre por fraude fiscal y les cita a declarar el 17 de septiembre
Amarillo Slim (el personaje viene al caso porque en Barcelona acaba de celebrarse un prestigioso torneo internacional de póquer) explicó en su día cuál era su estrategia a la hora de apostar en una mesa cuando tenía una buena mano. Nada de apabullar. Paciencia. Él, un campeón, lo resumió en una frase que resulta muy apropiada para ese idilio que Barcelona mantiene con el negocio del turismo: «Se puede esquilar una oveja toda la vida, pero despellejarla, solo una vez». Las cifras lo avalan. Durante el primer semestre del año, por ejemplo, las pernoctaciones crecieron el 2,26%. Eso, unido a que muchos barceloneses han decidido este año no viajar, le ha sentado la mar de bien las dos principales atracciones turísticas propiedad del Ayuntamiento de Barcelona, el Tibidabo y el Zoo. La primera resurge. La segunda está que se sale.
Información publicada en la página 32 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 01 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Las cifras de entradas vendidas no distinguen entre turistas y barceloneses, pero en ambos casos la percepción de sus gestores es que ha sido un cóctel de ambos públicos lo que ha permitido presentar unos muy saludables balances provisionales, y además en dos instalaciones que no son precisamente baratas. En el Tibidabo, el precio del esquilado por adulto es de 28,20 euros a partir de hoy (el IVA no perdona). En el Zoo de Barcelona, la entrada para mayores de 12 años cuesta 19 euros.
Tanto da. El parque de atracciones, por ejemplo, parece haber dejado atrás el mazazo que lógicamente le supuso el accidente mortal ocurrido allí en julio del 2010. Se desplomó El Péndulo y, de inmediato, cayeron las visitas, pero el parque ha recuperado la confianza perdida. Durante el primer semestre del año subieron a la cima de Collserola 177.406 personas. No obstante, en estos casos lo mejor son las comparaciones. Durante la primer quincena de agosto del 2010, es decir, poco después del accidente, pasaron por el recinto lúdico solo 23.152 personas. Era una catástrofe. Durante el mismo periodo del año anterior habían sido 55.782. En los primeros 15 días del mes de agosto que ayer terminó, las entradas vendidas han sido 46.089, a medio paso solo, por lo tanto, de la normalidad. Otro síntoma inequívoco de que la salud del enfermo mejora es que también ha remontado el número de socios del parque de atracciones (el más eficaz sistema que tienen a mano las familias barcelonesas para evitar que la visita al recinto sea una sangría económica excesiva). Los carnets expedidos han crecido un 16% en un año. Hoy son más de 61.000 las personas que disponen de un pase de acceso ilimitado al Tibidabo.
Estas, además, son estadísticas que son minuciosamente repasadas desde el Ayuntamiento de Barcelona, pues no es ningún secreto que entre los planes del equipo de gobierno que lidera Xavier Trias figura la privatización de la gestión del parque de atracciones antes de que termine el actual mandato.
SEGUNDA MARCA HISTÓRICA / El Zoo de Barcelona es un caso distinto. Allí ninguna fiera se ha merendado a un visitante, así que exhibe año tras año la fortaleza de un león. De enero a agosto entraron en el recinto, 773.040 personas. Es el segundo mejor resultado de su historia, solo superado por las cifras del 2011 (833.204). Parece que la conmovedora y salvaje historia de amor entre Guntur y Asmara, los dragones de Komodo del parque, no ha sido suficiente para batir la marca del año anterior, pero el Zoo, para tranquilidad de sus gestores, va como un cohete. Según las cifras que anualmente publica Turismo de Barcelona, es la sexta atracción turística de la ciudad. A diferencia de lo que sucede con el Tibidabo, el Zoo no está en la lista de privatizables. Es más, una vez descartado su traslado a las inmediaciones del Fòrum, se ha sacudido de encima ese aire de decaimiento que tanto le perjudicaba, entre otras cosas porque parecía que no valía la pena invertir ni en las reparaciones más urgentes.
El Zoo y el parque de atracciones del Tibidabo no son, en cualquier caso, las únicas ofertas turísticas directamente gestionadas por el ayuntamiento. Hay más, pero no son de pago, así que su grado de éxito es más difícilmente cuantificable.
La que más público acoge es, sin duda, la playa de la ciudad. No en vano, una de las líneas de metro más utilizada este verano ha sido la amarilla, no solo porque cruza el centro de arriba a abajo, sino porque lleva directamente a las zonas de baño.
Otra es el espectáculo de las fuentes de Montjuïc. Según cálculos del Ayuntamiento de Barcelona, cada exhibición nocturna de aquella obra de ingeniería concebida sobre unos planos por Carles Buigas en 1928 (entonces le llamaron loco) es vista por entre 3.000 y 5.000 personas.
CONCLUSIÓN / Así, en cifras, ha sido Barcelona el verano. La llegada de turistas ha ayudado a paliar la crisis. Esa misma crisis, en paralelo, ha impedido que muchos barceloneses hayan realizado las vacaciones deseadas y han salido pocos días de la ciudad o, tal vez, ninguno, y han contribuido así, paradójicamente, a paliar la crisis en la ciudad. Parece un galimatías, pero no lo es. Este verano en Barcelona se han visto cara a cara, como en una misma mesa de póquer, jugadores que no siempre coincidían en tiempos de bonanza. Amarillo Slim tenia otra frase ideal para la ocasión: «Mira la mesa. Si no eres capaz de encontrar a un primo, es que el primo eres tú».