La erótica del poder no queda muy lejos de la pesadilla del poder. Gobernar requiere tomar decisiones, y tomar decisiones implica dejar de lado otras decisiones. En definitiva, cuando se está arriba es muy difícil, por no decir imposible, que todo el mundo esté contento. Esto, que puede parecer la mar de evidente, lo vive en sus tiernas carnes y con algo de pasmo el nuevo ayuntamiento de CiU a raíz del debate sobre si las motos deben o no circular de manera legal y regulada por el carril bus-taxi. Este diario planteaba ayer la cuestión y daba voz a varios expertos que hablaban desde un punto de vista teórico. Hoy, los principales implicados -taxistas, conductores de bus y ciudadanos- ponen el grito en el cielo desde la experiencia personal, e instan al alcalde a no modificar la restricción sobre el vial destinado al transporte público de Barcelona.
Dos motos circulan entre un taxi y un bus de TMB, ayer, en el vial reservado al transporte público de Gran Via a la altura de Villarroel. ELISENDA PONS
Información publicada en la página 36 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 06 de octubre de 2011 VER ARCHIVO (.PDF)
Cuando se pregunta a un chófer de TMB sobre la posibilidad de compartir calzada con los motoristas, este trufa su discurso con conceptos relacionados con la seguridad vial. Generoso Calvo, líder de CCOO en la empresa pública de transportes y conductor de la línea 33 que une Zona Universitària y la Verneda, asegura que el proyecto que ahora está en fase de estudio -en el programa electoral de CiU era una promesa sin interrogantes y ahora es una medida en estudio- es «peligroso y dañino para el autobús y el taxi». Conoce bien las limitaciones del vehículo que pilota, y sabe que los frenos no se pueden comparar con los de una moto. «Frenan mucho mejor que nosotros. Si paran de golpe, pueden obligarnos a dar un frenazo que acabe con el pasaje por los suelos».
«HACEN LO QUE LES DA LA GANA» / Calvo se detiene en la realidad, en cómo las motos usan con regularidad el pasillo reservado «sin que la Urbana [entre el 1 de enero y el 15 de septiembre se han impuesto 1.981 multas, siete al día] haga demasiado al respecto». Sostiene que los motoristas «hacen lo que les da la gana», que entran y salen «sin señalizar y sin importarles quién venga», y recuerda que los carriles son «demasiado estrechos como para tener que compartirlos con más vehículos». No solo reclama a Trias que reconsidere la medida, sino que invita a reflexionar sobre si también el taxi debería dejar de transitar por alguno de estos carriles, sobre todo ahora que está a punto de llegar la red ortogonal de autobuses, conocida como Retbus, que quiere ser algo más ágil para superar la paupérrima velocidad media de los articulados rojos de TMB: 12 tristes kilómetros por hora.
«NO MÁS IMPEDIMENTOS» / Luis Berbel preside el Sindicato del Taxi de Catalunya (Stac) y se frota los ojos cuando le hablan de la iniciativa del consistorio. «Estamos absolutamente en contra, perderemos velocidad comercial cuando urge aumentarla, los motoristas se harán mucho más daño si chocan contra un autobús...; la verdad es que no me puedo creer que se lo planteen, es una barbaridad», resume. Berbel no acepta la comparación con Madrid, donde las motos sí circulan junto a taxistas y chóferes de bus. Para él, es una mera cuestión física, puesto que en la capital del Estado los carriles son «mucho más amplios que aquí y además tienen muchas menos motos para una ciudad tres o cuatro veces más grande que Barcelona».
La mezcla de motoristas y transporte colectivo tampoco es del agrado de la Federació d'Associacions de Veïns de Barcelona (FAVB). Jordi Giró, vicepresidente y responsable de los asuntos relacionados con la movilidad urbana, admite que el tráfico «puede ganar en fluidez», pero apunta como más relevante e inquietante la posibilidad de que se produzcan más accidentes. En su opinión, aprobar la medida supondría «crear un entorno inseguro que desnaturalizaría la percepción ciudadana que se tiene de la organización de la calzada», algo así como romper el dibujo mental de la calle. Giró, que lamenta que el nuevo equipo de CiU no haya consultado a la FAVB sobre la materia, reclama una «reflexión muy profunda» y evitar quedarse con el objetivo de dar «más velocidad si al final resulta que lo que se genera es más inseguridad».
TODOS TRANQUILOS / Eduard Freixedes, concejal de Movilidad, es quien más está padeciendo esa pesadilla del poder. Tiene resuelto el trámite político con el voto del PP, pero sabe que un cambio así, por si saliera mal la cosa, impone buscar adhesiones. Adelanta que se creará una «mesa de trabajo» con todos los implicados; un cónclave que será solo de consulta, ya que la decisión dependerá del dictamen final de los técnicos.
«Queremos tener todos los datos, ser rigurosos y escuchar a todo el mundo». Y una promesa esperanzadora: «No se decidirá nada con nocturnidad y alevosía».
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