Si el nuevo pacto entre el ayuntamiento y los concesionarios de los chiringuitos de las playas de Barcelona -que permite servir hasta la zona de agua y lateralmente en un radio de hasta 50 metros alrededor de los locales- ha sido el colmo de la felicidad para su fiel clientela para la que levantarse de la toalla puede convertirse en un esfuerzo sobrehumano, no ha sucedido lo mismo con los propietarios de las licencias, para los que la medida ha generado, después de dos meses de su puesta en marcha, cierta división. «Tiene más ventajas que desventajas, pero depende de la zona y de la playa no sale a cuenta», reconoce el presidente de la Asociación de Chiringuitos de Playas de Barcelona, Eduardo Martínez, propietario del Inercia y del Docker's, ambos en la Nova Icària. Esta playa, junto a la Barceloneta y a la de Sant Sebastià, son las que, por su masiva afluencia de público, más se han beneficiado con el nuevo acuerdo.
Información publicada en la página 306 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 31 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Además de combatir la competencia desleal de la venta ambulante ilegal (los lateros) y potenciar el servicio al cliente -«ya que no es para sacar grandes beneficios», señala Martínez-, la nueva medida, a la que se han acogido 12 de los 18 chiringuitos, ha generado varios nuevos puestos de trabajo. «Es imposible competir con los lateros en cuanto a precio, pero sí en calidad», explica Said Gasham, propietario de El Chiringuito del Sol (Sant Sebastià), que ha incorporado a su plantilla a cuatro trabajadores más para cubrir este nuevo servicio. El secreto, «tener a una persona que sepa entrar a la gente, 100% comercial», señalan los responsables del Relevant.
En la Nova Mar Bella y Llevant cambian las tornas. «Es un chiste», salta, nada más oír hablar del tema, Mariana Puigredon, encargada del Nueva Ola y del recién inaugurado Gaudir. «En esta zona hay menos gente, y entre nómina y seguridad social... no me sale a cuenta», expone.
Parte del problema (y, quizás, de la solución) radica en la desinformación del público sobre la dudosa procedencia y almacenaje de los productos que venden los lateros. «Si se supiera dónde guardan las latas —cubos de basura y cloacas—, solo por higiene y por una diferencia de cincuenta céntimos [ o de hasta un euro, depende el garito], se lo pensarían dos veces», señala el encargado del Vai Moana, Fabio Frascatore. No obstante, y en lo que casi todos también coinciden -«por primera vez»- es en la notable presencia policial sobre la arena. Y es que, este verano, ha empezado a funcionar un grupo específico de playas, con 70 agentes de la Guardia Urbana.
Reserva de mesas
Las rebajas perpetuas también han llegado a este sector. Ofertas del día y descuentos sobre el precio final, de clubs de venta privada online (estilo Groupalia) o por reservar mesa con antelación -«algo totalmente impensable hace cinco años», señala Puigredon- han aterrizado este verano en las playas barcelonesas, especialmente en la Mar Bella, Nova Mar Bella y Llevant.
Chiringuitos como el Sahara Beach Bar, el Nueva Ola o el Relevant han ido más allá y han sorprendido incorporando un menú del día de lunes a viernes, cuyo coste va entre 9 y 12 euros. «Y es que ahora mismo, este es un negocio para creativos», confiesa Puigredon. Otra de las novedades, quizás la más aplaudida, es la generalización del wifi en todos los chiringuitos, un servicio gratuito para los clientes previa petición de la contraseña.
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