La gente del bus se ha enterado a medias. «Lo he escuchado en la radio». «Lo he visto en la tele». «He visto un gráfico en su diario». No se aventuran a construir sesudos análisis porque no tienen tiempo o porque admiten que es mejor no sentar cátedra sobre algo que no manejan con soltura. Comparten su experiencia diaria, esa que nadie les puede discutir, y ahí abunda la sensación de que el transporte público de superficie todavía es demasiado lento. A favor del bus, las vistas de la ciudad y un detalle curioso: mucha gente evita el metro por la pereza de bajar escaleras.
Información publicada en la página 42 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 25 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Maria está embarazada de ocho meses. Tiene muy buena cara, pero la prudencia invita a evitar los esfuerzos. Es por ello que opta por el bus, dejando el metro para los que se ven con fuerzas de recorrer largos pasillos y subir y bajar escalones. Vive cerca del parque de la Ciutadella y aplaude que el ayuntamiento quiera mejorar la red urbana de bus pues, dice, hay tramos como la Diagonal o la Gran Via en los que hay una «tremenda cola y saturación de autobuses». Ha bajado sonriente del 50 en la parada de plaza de Espanya situada junto al coso comercial de las Arenas.
En la misma marquesina aterriza Javier, comercial de informática que siempre recorre la ciudad en bus y nunca en coche porque la economía doméstica así lo requiere. Se queja del fin de semana, de esas esperas que llegan a desesperar, de 20 minutos de amarillo plástico duro pegado en el culo. Pide, tras enumerar algunas infraestructuras que en su opinión han sido una chapuza, que la mejora, la que sea, se haga «de una manera consciente y racional». Y ya puestos, también insta a Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB) a que cuide más a sus conductores, «a ver si así están de mejor humor por la mañana».
Si pudimos con el euro...
Los que no tienen ni idea no parecen venirse abajo. Tampoco arriba. «Ya vino lo del el euro y todos nos acostumbramos. Esto no iba a ser distinto, ¿no? Que cambien el bus y ya nos iremos adaptando». Carmina tiene 73 años, dos nietos y muchos kilómetros recorridos. Podría naufragar el mismísimo Titanic en su rellano y seguiría igual de imperturbable. Es de las que también evita el suburbano por el tema de las escaleras, y se sorprende cuando conoce que el 83% de las estaciones de metro cuenta con ascensor. «¿No me digas? Bueno, da igual, el bus ya lo tengo dominado».
No entienden, por mucho que se les explique, cómo el bus será más rápido si el número de líneas no solo no decrecerá sino que habrá una o dos más cuando las 28 de la red ortogonal estén operativas. «Yo se lo cuento, pasarán con más frecuencia y las paradas estarán algo más alejadas». «Sí, pero si el número de vehículos es el mismo, ¿no tendremos los mismos problemas de saturación en algunas calles?» Ciertamente difícil de refutar. De hecho, los padres del RetBus, el proyecto socialista que lo dejaba en 12 líneas, demostraron que más de 15 convertían el invento en ejemplo de lo que no debe hacerse con la movilidad urbana.
Entre el bien y el mal
Más velocidad, que el fin de semana no pasen menos que la diligencia del Oeste, que todas las paradas tengan pantalla informativa con los tiempos de espera, que el conductor sea amable y que se entienda todo a la primera. Y otra cosa que apunta Arturo en Gran Via, que si al final sale mal, que alguien cargue con las culpas. Y si sale bien, «al fin y al cabo es su trabajo».