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El equilibrio medioambiental de Collserola

Sant Feliu despide la campaña de control de jabalís con dos capturas

La asociación local de cazadores se cobra desde octubre 27 piezas por encargo de la Generalitat

La especie, sin depredadores naturales, es casi una plaga sin más control ya que el cinegético

Domingo, 5 de febrero del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
CARLES COLS
SANT FELIU

Sant Feliu de Llobregat echó el cierre ayer, hasta la próxima temporada, a uno de los más próximos y menos conocidos casos de simbiosis del reino natural. La Generalitat, más ahora que antes, necesita controlar sin que salga caro la sobrepoblación de jabalís que padece Collserola. No hace mucho, y no es broma, a uno de esos gorrinos salvajes se le vio cerca de El Corte Inglés de Cornellà. La otra pieza de esa relación simbiótica son los cazadores, encantados de echarle una mano a la Generalitat con aquello que hacen por gusto. Ayer era el quinto sábado desde octubre que en la sierra de Sant Feliu se organizaba una cacería. Cayeron solo dos ejemplares, una macho y una hembra, pero eso sí, bastante hermosos, tal vez de 70 kilos.

Una señal alerta a los excursionistas de la jornada de caza, ayer. RICARD CUGAT

Dos cazadores exhiben los jabalís capturados ayer en la batida organizada en los bosques de Sant Feliu. RICARD CUGAT

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Información publicada en la página 40 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 05 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

Cazadores había 52, más una decena larga de perros. Todo es opinable, pero si se acepta que, aunque en desigualdad de condiciones, en el fondo se trata de una contienda, la de ayer la ganaron los jabalís. Solo dos acabarán en los fogones. Uno de ellos, por imprudente. Pasó por detrás de un cazador cuando este charlaba distendidamente con un policía municipal. Más suerte tuvieron muchos otros ejemplares, pues el botín de la batida de caza fue escaso, pero no los avistamientos. A las tres de la tarde, en el punto de encuentro, los participantes en la jornada organizada por la Asociación de Cazadores de Sant Feliu tenían más anécdotas que contar sobre cómo se les escapó un ejemplar que tenían a tiro que sobre cómo contuvieron la respiración, a lo Vassili Zaitsev en Stalingrado, antes de tumbar a su blanco con una bala de 12 milímetros de su escopeta de caza.

En descargo de los cazadores, no obstante, hay que admitir que la jornada de ayer fue más breve que las anteriores. ¿La causa? El frío. La predicción meteorológica no desanimó, pero aconsejó comenzar a las nueve de la mañana y no a las seis, como en otras ocasiones. En este sentido, la despedida de la temporada de control de la plaga de jabalís (así lo entiende la Generalitat) fue una fiesta cinegética bastante comedida. Pero si de cifras se trata, el balance del conjunto de la temporada es bien distinto. En cinco sábados han sido capturados 27 jabalís en la zona boscosa que el Ayuntamiento de Sant Feliu cierra para las cacerías. Señales en los caminos y cadenas para impedir el paso de coches dejan bien claro que excursionistas y ciclistas, durante unas horas, no son bienvenidos por ahí. Alguna discusión suele conllevar esa medida. Eso no es extraño. Lo realmente sorprendente, como contaba ayer uno de los cazadores, es que a veces parece que los jabalís saben también perfectamente cuáles son los límites de la zona acotada y los muy pillos se guarecen fuera.

PITANZA Y CÓPULA / La de ayer, por otra parte, fue la última jornada de Miquel Durán como presidente de la Asociación de Cazadores de Sant Feliu. Lo deja convencido de que la labor que lleva a cabo esa asociación en su pueblo y otras muchas similares en otros municipios del área metropolitana es incomprendida por la eficaz labor de desgaste de las organizaciones ecologistas y por la ternura con la que los vecinos de entornos esencialmente urbanos suelen observar el mundo animal. Los jabalís, en Collserola, están en la cúspide la cadena trófica. No tienen depredadores naturales. En un ambiente realmente salvaje su rival sería, por ejemplo, el lobo, pero en las laderas del área metropolitana se dedican felices a la pitanza y a la cópula. «Una hembra adulta puede tener varias crías tres veces al año, haga usted números», invita a reflexionar Durán. Algunos expertos sostienen que en Collserola hay unos 500 jabalís. Otros defienden que sería más acertado multiplicar esa cifra por tres. Unos y otros, en cualquier caso, coinciden en que en cierto modo se trata de una plaga ante la que lo peor sería mostrarse indiferente.

Con todo, hay que puntualizar que a los cazadores no les mueve un afán por reequilibrar las balanzas de la naturaleza. Lo suyo es el gusto por vencer a la bestia en una partida que incluso tiene algo de estrategia militar. Primero, el rastreo de pistas. Dicho así, parece emocionante, pero en realidad es algo tan poco épico como buscar cacas de jabalí por la montaña. Después, localizada la presa, los llamados perreros sueltan a los canes con el propósito de que el blanco avance a a la carrera hacia allí donde aguardan silenciosos los cazadores. El final de la historia es suerte y puntería, y todo ello, además, ayer, a apenas cinco minutos en coche de las primeras calles urbanizadas de San Feliu.

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