Los vecinos de Sant Antoni empiezan a tener prisa. Y es que, las redes que protegen la degradada fachada de la antigua sede de la ONCE, en el número 66 de la calle de Calàbria, duelen todavía más dada la falta de espacios para el tejido asociativo en este barrio del Eixample. Y más si cabe al recordar que el consistorio pagó en marzo del pasado año 20 millones de euros para adquirir la enorme finca, de unos 10.000 metros cuadrados, cerrada y tapiada desde principios del 2007.
La intención de la comisión Calàbria 66, como la han bautizado las entidades vecinales del barrio que la conforman, es recuperar una parte del espacio para un uso social y cultural lo antes posible, a la espera de que se realicen las obras definitivas del edificio, forzosamente caras dadas las dimensiones y el estado de deterioro del mismo. "Somos conscientes de que la situación económica no está para hacer grandes inversiones, pero creemos que con poco se puede habilitar una parte del inmenso espacio para abrirla a la ciudadanía, convirtiéndola en una suerte de ateneo popular", apunta Pep Sala, presidente de la asociación de vecinos de Sant Antoni, una de las impulsoras de la comisión.
Sala apunta que uno de los motivos que hace tan necesaria la apertura al tejido asociativo del barrio del antiguo edificio de la ONCE es que los centros cívicos funcionan muy bien como lugares de oferta, que programan cursos, exposiciones, etcétera, pero no como espacios abiertos. «Son lugares poco flexibles, con programaciones y horarios en muchas ocasiones demasiado rígidos», apunta el líder vecinal.
Fuentes del distrito aseguran que están llevando a cabo varios estudios técnicos del edificio que les han de ayudar a hacer «un plan funcional» del conjunto del inmueble, para poder ponerlo en funcionamiento. Desde el primer momento, el nuevo equipo de gobierno aseguró que el espacio contaría con dotaciones de barrio, de distrito y de ciudad. Qué se hará en cada una de estas partes aún está por decidir, y los vecinos, los mayores conocedores de las necesidades del lugar, tienen mucho a decir sobre ello.
Merece la pena destacar que la idea municipal casa bien con el proyecto de los vecinos. Es más, la pretensión que estos tienen para su parte del espacio quiere ser perfectamente compatible con los otros usos del inmueble. De hecho, la petición de los vecinos, recogida en sus propuestas para el PAD (plan de actuación del distrito), es hacer un planteamiento de ocupación provisional, que más tarde se convertiría en definitiva.