Su sola pronunciación produce dolor de cabeza a más de uno. Sea por el recuerdo de alguna resaca letal o por la visualización de hordas de turistas ebrios bebiéndola a litros en la Rambla y perdiendo el oremus en relación directamente proporcional. Es caso es que la sangría es para el barcelonés que va de copas, en general, la antítesis del glamur. Evoca picnics playeros o de montaña con porrón y a excesos de azúcar y vino peleón. Por contra, es una de las primeras palabras que aprende y pronuncia el turista (junto con tapa y Gaudí) tan pronto pisa la ciudad. Así que era cuestión de tiempo que alguien se atreviera a dignificarla y convertir el brebaje en cóctel de calidad. En Barcelona, crecen sus defensores.
Información publicada en la página 45 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 05 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
En un diccionario de castellano de 1788 se afirma que fue inventada por los ingleses en las colonias americanas. Al parecer provendría del término sangaree, inspirado en el español sangre, y habría penetrado en España hacia 1850, tras triunfar como limonada de vino. Lo cierto es que en las últimas décadas se ha perpetuado como bebercio ibérico donde los haya, con popularidad internacional y consumo masivo entre los incautos guiris que muchas veces engullen lamentables preparados rojizos a base de polvos y con alcoholes de bajo presupuesto.
Del champán al mosto 'sin'
Tanta es la fe que tenía en su potencial el empresario Ramon Bordas (al mando del prolífico grupo de ocio Costa Este), que cuando gestó uno de sus últimos negocios, el bar y restaurante Cachitos en la Rambla de Catalunya, 33, tuvo claro que sería una de las bebidas de bandera del local, debidamente dignificada. Su coctelero, Rony Stewart, trabajó dos meses buscando la alquimia perfecta entre licores, refrescos, vinos y cavas, y frutas. Hasta alumbrar una carta de 55 variedades que arrasa en ventas y dedicarle una barra a la elaboración, convertida en un show.
¿La fórmula? Hay una base «secreta», en tanto que lo esencial son las proporciones, de azúcar líquido (preparado en la casa), brandy y licores. Esta se mezcla con cinco tipos de alcoholes a elegir: tinto Rioja, tinto Rioja premium, mosto (sin alcohol), cava o champán. Se le agregan el refresco, y se completa con 11 tipos de mezlcas de frutas, lo que arroja 55 combinaciones. «Las más solicitadas son las de cava y tinto premium (Ramon Bilbao)», confiesa, aunque muchos vuelven para seguir probando otras, sea con cítricos, o trozos de coco, fresa y vainilla, o con pera, manzana y kiwi..., cuenta Stewart. ¿El imperativo? «Fruta fresca cortada dos veces al día y alcohol de calidad». «La concebimos como un cóctel», destaca.
En el novísimo Hotel DO, de cinco estrellas en la plaza Reial, no dudaron en rendir culto a la sangría, también con varias especialidades. Su sumelier, Thomas Rossini, cuenta que les apeteció «incorporar una bebida muy a menudo maltratada -ahora la mayoría se elaboran con polvos- y devolverle su nobleza y su carácter canalla en el conjunto de una carta de vinos, destilados y cócteles que pretende ser un referente en la plaza Reial». Cada día elaboran la base para que esté equilibrada y macerada, y luego agregan el resto de elementos en el momento en que la piden. Y aunque afirman que el extranjero se pirra por este combinado, cuando la solicita el barcelonés sediento suelen servir la de cava, burbujeante.
Para Rossini, receta aparte, la fórmula mágica reside en los detalles: «la calidad de las materias primas y pensar que se prepara un cóctel y no una simple mezcla de frutas con vino. El limón ha de jugar entre el dulce y el ácido, la naranja ha de tener jugo; la manzana, crujiente; el melocotón, maduro; los frutos del bosque, recién cogidos, y las especias fragrantes; así como el vino, aunque joven, ha de tener carácter y cuerpo».
Junto a la playa, el restaurante club CDLC (Carpe Diem) le dio protagonismo en su carta hace ya unos años, con la misma reivindicación cualitativa. La hacen en jarras de litro, de cava o tinto (esta es la más vendida) y con frutos rojos (fresas, arándano...) y la sirven estilosamente. Un best seller cada vez más en boga, que piden hasta los viajeros más cotizados.