Son un imán para el sediento, para el fumador irredimible, para el ocioso, para las charlas distendidas de verano y hasta para cerrar negocios. Las terrazas de bares y restaurantes son intrínsecas al paisaje mediterráneo de Barcelona, pero la ley antitabaco y la crisis han propiciado una eclosión récord: en solo dos años su presencia en las calles de la ciudad casi se ha doblado, hasta alcanzar las 4.228.
Un volumen lo bastante contudente como para implementar una normativa que ordene semejante selva urbana de veladores, donde conviven estructuras y toldos ilegales, jardineras sin regular, excesos de ocupación de la vía pública y, sobre todo, un maremágnum de 17 normas distintas en función de cada distrito.
El borrador que ultima el Ayuntamiento parte de la uniformidad estética, horaria y funcional, a la que habrá que agregar muchas excepciones. La receta, no obstante, implica alterar la mayoría de la oferta actual a partir del próximo año.
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