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El curso arranca en BCN a golpe de pito

Sarrià pone a prueba sus cambios de sentido por la nueva red de bus

la Urbana ayuda a agilizar el tráfico, más fluido de lo que cabía esperar

Miércoles, 12 de septiembre - 10:39h.

La vuelta al cole es la vuelta al tráfico. Las dos primera semanas de septiembre son de una paz inquietante. Es subir la persiana los colegios y regresar esa vieja rutina de emplear media hora para recorrer siete tristes kilómetros. Los padres barceloneses han dejado en clase a más de 248.000 alumnos, 4.000 más que el año pasado, y se han vuelto a dejar la paciencia al volante, aunque quizás menos de lo que cabría esperar.

Sarrià-Sant Gervasi ha vuelto a ser esta mañana el epicentro de las congestiones. Avenida del Tibidabo volvía a presentar aceras repletas de coches. El paseo de la Bonanova, tan lleno como de costumbre. Muntaner, cargado hasta arriba pero con cierta fluidez. Y la zona de enganche entre Tres Torres y Sarrià, experimentando los cambios que sobre el terreno ha generado la nueva red ortogonal de autobuses. Los conductores han puesto a prueba la modificación en Vergós, Sant Joan Bosco y Doctor Roux, entre otras calles, y parecen haber llegado a la conclusión de que, mientras sigan apostando por el vehículo particular, les tocará hacer cola. La presencia de media docena de agentes de la Guardia Urbana ha ayudado a que la situación fuera más sostenible. A golpe de pito, la policía se ha encargado de desperezar a los que no acababan de arrancar y de arengar a aquellos que todavía no se habían enterado de los cambios de sentido. En la plaza de Orient, la confluencia de Anglí, Via Augusta y Vergós, un veterano agente se hartaba de abroncar a los automovilistas que hacían del despiste la mejor arma para arañar unos segundos o ganar unos metros. Más de uno se ha llevado un buen grito, pero nadie ha sido multado.

El principal dilema en esta zona es la prioridad de paso. Via Augusta necesita cierta fluidez para dar cobertura a los túneles de Vallvidrera. Pero Vergós también precisa agilidad para dar cabida a los que vienen del mar. ¿Dónde colocar el límite? De momento, la Urbana se fía de los tiempos semafóricos, pero parece claro que los que pagan el pato son los que vienen de Vergós, con una cola que llegaba hasta General Mitre, mientras que los de Via Augusta, con toda la serpiente bajando desde el Vallès, han circulado con mucha más tranquilidad.

Sigue sorprendiendo que Sarrià-Sant Gervasi, el distrito escolar por excelencia, sea uno de los que menos carril bici tiene. Las zonas 30 no son ninguna garantía porque son cuatro los que respetan ese límite de velocidad, así que los pocos que se aventuran a pedalear, acaban optando por las aceras, jugándose una multa por no respetar el espacio de los peatones.