Con motivo de la Exposición Internacional de 1929, Barcelona estrenó dos líneas de autobús turístico que funcionaron durante todo el año. En 1987, un año después de que Samaranch dijera aquello de «a la ville de...», la ciudad volvió a crear un servicio que, bajo el lema Descobrim Barcelona, permitía recorrer los lugares más emblemáticos de la ciudad, aunque solo durante los meses de verano. Han pasado 25 años y esa desconocida urbe mediterránea se ha convertido en uno de los lugares más visitados del planeta. El bus turístico, con dos millones de viajeros al año, se mantiene como abanderado, pero en los últimos tiempos ha florecido una nueva industria en torno a la necesidad de pasear al forastero, hasta el punto de que Barcelona tiene hoy la oferta de transporte más variada del mundo.
Joao Silva es portugués y lleva años viviendo en Catalunya. En el 2010 creó la empresa Bright Side tras darse cuenta de que Barcelona tiene «un potencial de crecimiento turístico ilimitado». «La arquitectura, unida al clima, hace que un negocio como este pueda funcionar muy bien», defiende. Compró cuatro motos rusas de la marca Ural -la única que se fabrica con el sidecar de serie- y colgó el cartel de «se organizan excursiones». El negocio va estupendamente. El piloto lleva un micro incorporado y los pasajeros usan unos auriculares para comunicarse entre ellos. El precio -entre los 90 y los 500 euros- dirige este producto hacia un público de hotel de cuatro y cinco estrellas. «Yo busco un sector premium, pero lo bueno es que todos los turistas pueden encontrar su opción ideal entre tantas propuestas».
Alquiler de bicicletas y motos, rutas organizadas a pie, vehículos de tres ruedas, triciclos con chófer, vuelo en helicóptero, segways..., la oferta es tan extensa que da para ver la ciudad de un modo distinto cada día durante al menos dos semanas. Si el precio es el condicionante para decantarse por una u otra empresa, la cosa está entre los cinco euros por hora de una bici hasta los 95 euros por 10 minutos de visita aérea. El hecho de pasar de ser una ciudad con predominancia de las tres estrellas a ser una capital con mayoría de camas de lujo, ha generado esa doble oferta para todos los bolsillos.
Ayer se presentó la última apuesta del sector hotelero. En una de las terrazas del Arts, el presidente del gremio, Jordi Clos, y el concejal de Movilidad, Eduard Freixedes, daban la bienvenida a la bicicleta eléctrica de la marca Smart, filial de Mercedes Benz. Una treintena de hoteles de Barcelona pondrán a disposición de sus clientes 100 modelos de esta estilizada máquina que incluye un iPhone con el que el usuario puede marcar rutas y reconocer cualquier edificio o lugar pintoresco que se le ponga por delante.
Jordi Clos, presidente de los hoteleros, confirma que no hay otra ciudad en el mundo como Barcelona en materia de transporte de turistas. Añade que es una oferta «de calidad e innovadora», y considera que todos estos extras ligados al turismo ayudan «a la excelencia» del sector. Freixedes aplaude que Barcelona dé las herramientas necesarias para que el forastero se sienta cómodo, pero como responsable de Movilidad, comparte su inquietud ante ciertos vehículos que orillan entre el coche y el ciclomotor. Se refiere, por ejemplo, a las nuevas empresas de alquiler del modelo eléctrico de Re-
nault, el Twizy, cuya matrícula de ciclomotor puede llevar a pensar que puede estacionar en los lugares reservados a las motocicletas.
Hay camino por recorrer
Resulta curioso comprobar cómo la mayoría de empresas vinculadas al transporte de turistas están regentadas por extranjeros. Puede que sea uno de esos negocios que solo se ven factibles desde la distancia emocional. O quizás el poco manejo de los idiomas cierra este nicho a los locales. En cualquier caso, y aunque pueda parecer que está todo inventado, Clos cree que queda camino por recorrer. Hay terreno por explorar, por ejemplo, en materia de movilidad sostenible. Eso, siempre que el turismo siga siendo sostenido.