El alcalde Xavier Trias emprendió ayer su cruzada asiática en busca de alianzas y capital para Barcelona, sorprendiendo a los propios chinos por su vehemencia y compostura. Mientras la ciudadanía andaba ligera de ropa y descamisada por la tremenda calor y humedad que registraba Shanghái, Trias se apeó de un vuelo transcontinental y empalmó un acto institucional tras otro impecablemente trajeado sin que le temblara la voz ni le traicionase una sola gota de sudor mientras repetía como un mantra que Barcelona era una «garantía de éxito» como destino de negocios, y que lo que sucede en España es muy distinto a la realidad barcelonesa.
¿Por qué tanto ímpetu en desvincular la ciudad del resto del país? No hacía falta ir muy lejos para encontrar argumentos. El responsable del programa China at Barcelona Summit, Jordi Martí, que desde el año pasado trata de captar inversores de pequeñas y medianas empresas chinas para que se instalen en Barcelona acompañándolas a la capital catalana para descubrir su potencial, asumía, en una cena institucional, que la marca Barcelona se vende sola, pero la pertenencia a España frena las inversiones. Hay miedo a desembarcar en un país castigado por el déficit y la crisis, sentenció el experto, que hoy mantendrá un encuentro oficial de trabajo con Trias y diversos emprendedores.
Tantas voces como la suya han llevado al alcalde a aterrizar en China con Barcelona como único argumento de ventas. Por la tarde, visitó la escuela de negocios CEIBS (con fuertes vínculos con Barcelona y programa de intercambio de estudiantes entre ambas ciudades) al grito de «En China está el futuro y en Barcelona no queremos que se nos escape». Aprovechó para enfatizar que la cultura, creatividad e innovación de la que alardea y «la generación de riqueza pueden ir de la mano».
PAGOS A 30 DÍAS / Por la noche, rodeado de empresarios catalanes que hacen negocio en la ciudad china más occidentalizada del país, Trias aseguró que «con todo lo que ha pasado en España y Catalunya», Barcelona sigue siendo la clave «para salir de la crisis, por su marca y manera de trabajar, seria, solvente, sin déficit y que realiza sus pagos a proveedores a 30 días», se jactó. Por si quedara poco claro, espetó a los empresarios allí reunidos que hicieran correr el mensaje: «Usted invierta en Barcelona y verá que está trabajando con gente seria» y que «las cosas no son igual que en España».
El alcalde tampoco transpiró al abordar el problema de la eventual falta de conexiones ferroviarias del puerto y prometió hallar mecanismos de futuro para darle salida a las demandas logísticas de la ciudad. Para empezar, buscando inversores privados, como «la empresa de transporte de Hutchinson», el líder de tráfico de contenedores instalado en el puerto, para suplir la falta de financiación por parte del Gobierno. Esta semana afrontará esa ofensiva en Hong Kong.