La obra de los artistas con descendencia se perpetúa mejor que la de aquellos que fallecen sin linaje. Suele ser así siempre y cuando no haya un lío de herencias de por medio. Antoni Gaudí se entregó a sus manos y a su mente. En ellos depositó su tiempo, su ilusión y su vida. Su inesperada muerte, en 1926, tras ser arrollado por un tranvía en la Gran Via, inició la diáspora de su legado. Esto para la Iglesia, aquello para la universidad, lo de más allá para la ciudad. Así es como Barcelona rinde homenajes muy distintos y poco homogéneos a todo cuanto dejó este maestro de la geometría y el volumen. Toni Cruz y Josep Maria Mainat han aprovechado un año sabático sin presencia en la tele para intentar reparar lo que consideran una deuda de tributo con el arquitecto. Ayer inauguraron G Experiència, un espacio expositivo de formato inédito en la capital catalana que repasa la trayectoria de Gaudí, hasta convertirle, incluso, en un personaje de cine en cuatro dimensiones.
La sala se encuentra a escasos 100 metros del parque Güell, junto a tiendas en las que se pueden comprar abanicos, camisetas del Barça, delantales que simulan una falda sevillana y tazas de café con un dragón como asa. Enormes pantallas táctiles invitan a conocer todos los ámbitos en los que Gaudí buscó la excelencia, ya sea la arquitectura o el mobiliario y la decoración, y permiten descubrir algunos de los proyectos que nunca fueron más allá de un boceto sobre el papel. Quizás el más conocido sea el Hotel Attraction que debía construirse en Nueva York a principios del siglo pasado. G Experiència, a partir de los esbozos de Gaudí y el dibujo que años más tarde trazaría su colaborador Joan Matamala, incluye una maqueta espléndida que da cuenta de hasta qué punto el creador de la Sagrada Família se avanzó a su tiempo, con un edificio de 360 metros de altura que finalmente no cristalizó por su elevado coste y la dificultad técnica.
El mayor reclamo de este nuevo espacio es la proyección de una película de unos ocho minutos de duración que invita a sobrevolar los elementos naturales que inspiraron la obra de Gaudí. La producción parte de la pluma del genio para entender de qué modo Montserrat, la verticalidad de los cipreses o la leyenda de Sant Jordi pudieron ser determinantes en los trazos de la Pedrera, la Casa Batlló o la Sagrada Família. «Se trata de ver a Gaudí con otros ojos», resume Mainat.