entrevista con la bailaora

Susana Salvador: «La feria es un Gran Hermano con penas, tensiones y alegrías»

Martes, 1 de mayo - 00:00h.

Tras verla bailar sevillanas y transformarse en un ciclón al ritmo de su taconeo, un joven turista neozelandés se acercó a su oído para susurrarle: «Me he enamorado». Era la noche del domingo en su séptima Feria de Abril, donde actúa cada día en la caseta de la Federación de Entidades Culturales Andaluzas de Catalunya (FECAC).

-Ya ves, la feria no tiene fronteras.

-¿Se dedica en exclusiva al baile?

-Doy clases en mi estudio de Mataró. Es mi sueldo fijo. Luego vienen los bolitos, los congresos, tablaos flamencos y giras por China, Cuba, Alemania, Niza, La India... Mi maleta parece el baúl de la Piquer.

-¿Flamenco en China?

-Nos trataron como estrellas. El público se puso de pie. Además, nos pusieron un chófer y una intérprete para visitar Pekín. Pero el viaje que más adoro es Cuba. ¡Una locura! Qué ritmo tienen. Te absorben. Carecen de técnica pero bailan perfecto. Siempre vuelvo llorando como una magdalena.

-¿Cuándo decidió ser bailaora?

-A los 7 años. Es curioso. Mi madre es sevillana, pero en mi casa no se escuchaba flamenco. Cuando era pequeña, mi barrio de Vista Alegre en Mataró era como un pueblecito andaluz. En verano sacábamos las sillas a la calle y a bailar y a cantar. Pedí ir a clases. No fue fácil, a mis padres no les hacía especial ilusión eso de «mamá, quiero ser artista».

-¿Cómo los convenció?

-Con fuerza de voluntad. Tengo carácter. Soy luchadora. Terminé Formación Profesional y me fui a aprender con Lola y Pavón en Badalona. Y después tuve la oportunidad de ir a Barcelona, a la escuela de baile flamenco de José de la Vega.

-¿Qué siente cuando baila?

-Mucha emoción. Es una mezcla de alegría e intensos sentimientos.

-¿Está casada?

-Felizmente. Mi marido es asesor de empresas y directivo del Club de Fútbol Mataró. Si tenemos un hijo, él querrá que sea delantero y yo, bailaor. Que sea lo que él quiera. Lo más bonito de esta vida es dedicarte a lo que más deseas. Lo he conseguido.

-Hábleme de sus padres.

-Se conocieron en Catalunya. Mi madre, Encarna, llegó con 4 años. Trabaja con su máquina de coser. El sobresueldo de muchas casas dependía de las habilidades de las mujeres en corte y confección. Al principio fue duro. Mis abuelos, tras hacer de todo, instalaron un puestecito de ropa en el mercado. Mi padre, Paco, ha trabajado en todo. Desde repartir sobres a conducir camiones. Es de Bajajoz, chiquito y con mala leche pero con un corazón enorme. He salido a él. Me enfado pero se me pasa pronto.

-¿Se enoja mucho en la feria?

-La Feria de Abril es un Gran Hermano. Hay alegrías, penas, discusiones, celos, tensiones, nervios. Son muchas horas juntos, pero merece la pena. Compensa. Aquí tengo buenos amigos.

-¿Qué sevillana le emociona?

-No soy creyente, pero me estremezco cuando oígo La Salve Rociera. «Dios te salve María del Rocío señora /Luna, sol, norte y guía /y pastora celestial...» Y como no, las voces de Miguel Poveda y de Maite Martín, catalanes como yo.