Preguntarle a un ciudadano de a pie, a un trabajador, por las bondades de la nueva red de bus un lunes de huelga en el transporte puede resultar incluso ofensivo. «¿Que qué me parece? Llevo una hora esperando, ¿cómo me va a parecer?», señalaba Nadia en la parada de Gran Via con Roger de Flor. Coge el bus a diario para ir desde su casa, en esas coordenadas, hasta la plaza de las Glòries, donde trabaja. Antes cogía el 56 y ahora cambiará al
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H12. En principio, dado su recorrido habitual, el cambio le afecta poco y en principio para bien, aunque ayer era mal día para evaluarlo.
Junto a Nadia, aguardan Cristina y su hija. También son usuarias del viejo 56, el nuevo H12. Como Nadia, Cristina explica que, por su trayecto, el cambio no le afecta, pero no entiende el por qué. «Si el recorrido casi no varía, ¿por qué cambiarle el nombre? A mí me da igual, porque soy joven y ya lo aprenderé, pero hay personas mayores a las que le va a costar y se pueden hacer un lío muy fácilmente. No entiendo el sentido, la verdad», comenta la mujer.
Hermandad de la huelga
Carmen, quien no quiere dar su edad pero, sin serlo, podría perfectamente ser la madre de Cristina, asiente. No se conocen de nada, solo de compartir un largo rato esperando el bus, algo que une, y no poco. Las huelgas ya lo tienen, eso. «Puedo coger también el 62, claro, pero no entiendo demasiado bien el por qué del cambio, y mire que esta chica nos lo ha explicado muy bien», indica refiriéndose a la informadora.
La escena protagonizada por Nadia, Cristina, su hija y Carmen ocurre pocos minutos después de las cuatro de la tarde en la citada parada de la Gran Via. Varias horas antes, sobre las doce del mediodía, al otro lado del Eixample, en una parada de la misma H12 en Universitat, una escena muy similar.
Al acercarse a casi cualquier parada de las primeras en acoger la nueva red --y cabe subrayar acercarse, ya que ni siquiera era necesario pararse- algún voluntarioso informador, debidamente identificado con una armilla, se acercaba amable para guiar al viajero.
Estirar del ovillo
Pese a esa amabilidad contrastada en varios informadores de varias paradas, siempre hay quejas, claro. David, también usuario de la H12, no entiende porque se han gastado tanto dinero en hacer «esos folletos tan bonitos, con tantos colores y botoncitos --la campaña de comunicación compara la red con una ovillo de lana, donde cada parada es un botón- están muy bien, pero no se indican las paradas que se suspenden. No le veo la utilidad. El papel satinado no hacía falta. Hubiera preferido un mapa más sencillo, pero dónde se indicaran las paradas», sentencia el hombre con una sonrisa. «Menos diseño y más información», remata su compañero de banco, bastante más serio.