El papel colgado en la puerta, escrito a mano, con rotulador, no deja lugar a dudas: "El Pastís ni se cierra, ni lo cierran. La música es cultura. Lo siento". Mensaje diametralmente opuesto al recogido en la notificación recibida este jueves por José Ángel de la Villa, propietario de la antigua taberna en el cuatro de Santa Mònica, último reducto de la Rambla canalla. En ella el distrito de Ciutat Vella advertía de que se procedería al cierre del local en un plazo máximo de 48 horas desde la recepción del documento, es decir, este sábado, si no corregía una serie de "deficiencias". El problema, como (casi) siempre en estos casos, es el ruido, o lo que el ayuntamiento --y quienes han presentado denuncias en el mismo por el asunto-- consideran ruido, y que De la Villa considera música. Cultura.
El actual proceso contra El Pastís --en el 2008 pasó por un trago muy similar-- se inició en enero, cuando durante un concierto en el diminuto local (es de los pocos en la ciudad que aún ofrece música en directo, y además casi todos los días) un vecino llamó a la policía, que se presentó en el bar y abrió un expediente, en el que constataba que no tenía limitador de sonido --obligatorio-- y que tenía la puerta abierta, algo que está prohibido.
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