La Feria de Abril de Catalunya se zampa más de 40 toneladas de marisco y de pescado en tan solo nueve días, especialmente cigalas, langostinos cocidos, cazón, pescadito y gambas blancas. La crisis ha reventado precios. Hay casetas, como la de la Joven Federación de Entidades Culturales Andaluzas en Catalunya, que oferta a 28 euros bandejas con tres kilos de crustáceos y de moluscos. Paco Moya, a través de la empresa mayorista Moray Fish, los distribuye a todas las entidades.
Información publicada en la página 44 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 05 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
-Hoy quien no come marisco es porque no quiere. Sale al mismo precio que un fránkfurt con refresco. En lo que en la feria llamamos barcas entran ocho cigalas, cuatro pechos, tres nécoras, medio kilo de langostino cocido y otro de gambita salada. Comen cuatro personas y sale a siete euros por cabeza.
-¿De dónde procede el producto?
-En España se pescan sonsos, boquerones y calamares, pero la mayoría de piezas vienen de Ecuador, de aguas marroquís... de infinidad de lugares. Las gambas que se venden en los mercados suelen ser de Argentina, de Colombia y de Chile. Es raro encontrar pescado de Galicia. Demasiada la demanda y escasa la oferta. El mejor producto gallego va a los restaurantes de lujo.
-A esos precios, el marisco de la feria debe ser congelado.
-Es una utopía pensar que podemos consumir pescado fresco. Los barcos salen a pescar y no vuelven hasta dentro de tres o de cuatro días cuando tienen la bodega bien llena. Los cubren de hielo para que no se estropeen, no es congelación pero casi. Lo que viene de Sudamérica es congelado, pero de calidad.
-¿Por qué la exclusividad?
-Eso pasa en todas las ferias y congresos, y así se garantiza la calidad. La feria es una plataforma de promoción. No gano dinero, cubro gastos, los que ganan son los feriantes.
-¿Con la manzanilla y el pescaíto?
-Es tradicional del litoral andaluz como los chipirones, el cazón en adobo y las tortitas de camarones. El secreto está en la calidad de la harina y en freírlo con mucho aceite. Es una de la razones del éxito de la Feria de Abril de Catalunya.
-¿Cómo se introdujo en el sector?
-De niño pasaba seis meses cada año con mi abuela en Sant Quirze del Vallès. A los 7 años, al salir del colegio me escapaba a ayudar en un bar que regentaban tres hermanos inválidos. Me subía a una caja de madera y hacía cafés. No jugaba al fútbol, prefería servir vermuts. Quedan dos y aún los voy a visitar.
-¿Su primer trabajo remunerado?
-A los 10 años me fui a vivir con mis padres a Barcelona. Al cabo de tres, entré en una cantina a la que iban los bomberos. Y en 1974 comencé a trabajar de aprendiz en La Puñalada, que era la tasca a la que iba la alta burguesía catalana en pleno paseo de Gràcia. Le puso el nombre el pintor Santiago Russinyol.
-Uno de los carismáticos restaurantes desaparecidos.
-Una pena. Se cocinaba a carbón y los platos eran muy elaborados. Las salsas se guisaban a diario. Hoy es impensable trabajar tantas horas. Pasé allí todos los festivos, jamás tomé las uvas con mi mujer, pero las propinas eran increíbles. Era caro pero tenía una distinguida clientela: Camilo José Cela, Paco Rabal y su mujer, Asunción Balaguer, Jordi Pujol, el coleccionista de arte Josep Suñol, el pintor Joan Miró, empresarios y marqueses.
-¿Qué recuerdos guarda?
-El lema del camarero es ver, oír y callar. He servido comidas de La Puñalada en grandes casas. He visto a mujeres con abrigos de visón esconder croquetas en su bolso. Me conozco la vida de mucha gente pero eso se irá conmigo. Me arrepiento de no haber guardado las litografías firmadas que me regalaba Miró. No les daba importancia.