El Periódico

Promo locomotoranegra

Cambios en el mapa comercial de BCN

Al otro lado del mostrador

La autoexplotación es la única forma de cubrir gastos y, en ocasiones, enviar dinero a familiares

MARINA MUÑOZ BENITO
BARCELONA

Sábado, 2 de febrero del 2013

«Trabajo de ocho de la mañana a nueve de la noche, 13 horas, de lunes a lunes. Solo medio día de fiesta», explica Mohamed Alikhan, del colmado Nomi Supermercat, ubicado en el número 11 del paseo de Sant Joan. Alikhan aterrizó en España en el 2006 procedente de Paquistán, donde trabajaba en el campo y a donde regresará el próximo mes para contraer matrimonio. Su caso es la tónica de la mayoría de trabajadores de colmados paquistanís que han florecido recientemente en casi cada esquina.

«Es cansado, y además se vende poco y se tiene que pagar local, luz, sueldos, seguridad social... Pero aquí no hay los problemas de mi país», señala Alikhan, justificando el modus operandi y los motivos por los que acepta el trabajo. «Las compras de la gente van de los 0,60 a los 10 o 15 euros, no más», explica Amjad que, con 19 años, trabaja desde hace siete meses en el colmado de su primo, Punt Aliment (Caballero, 73), de Les Corts. «Cuando más se vende es los domingos y, entre semana, a la salida de los colegios y entre las 20.00 y las 21.00 horas», señala Mudassan, copropietario de València Supermercat.

Este es un ejemplo del perfil que predomina en el mostrador de estos establecimientos: hombres jóvenes y, algunos, con familia en Pakistán. Cuando las cuentas lo permiten, Mudassan, que regenta el negocio con su hermano - «llegó antes que yo a España y trabajó en un locutorio», explica-, envía cerca de 300 euros al mes a sus padres, que viven en Pakistán. Una acción muy común entre esta comunidad.

La puesta en marcha de estos negocios, cuyo interior es casi idéntico en la mayoría de los casos -rótulo del local con nombre genérico o nombre de la calle, paredes blancas, estanterías básicas y nevera para los productos frescos-, tiene un coste de entre 5.000 y 15.000 euros. «Una parte, del banco; otra, ahorrada, y una tercera, me la prestó un amigo», señala Nazim Uddin, propietario de NH Alimentació, que abrió hace seis meses en Pau Claris. Y es que la financiación informal, a través de amigos, familiares y compatriotas, es la vía más rápida y, por ende, la más utilizada. «Ahora amigo querer abrir tienda aquí, pero le faltan 10.000 euros. Amigos ayudan. Abrir tienda y en un año o dos devolver el dinero a amigos», pone de ejemplo Mohamed Alikhan en un castellano precario.

Competencia y crisis

Los ingresos de la caja registradora se han visto menguados por la crisis y la competencia, que no para de crecer. «Ahora hay mucha competencia», dice Wasee, del colmado Bailèn Supermercat (Bailèn, 132). «Antes en la calle de Bailèn no había casi, ahora hay más de 10», añade Uddin, que comenta que la bebida fría es de los productos más rentables y que no tiene trabajadores porque no les puede pagar. «A veces viene mi mujer a ayudarme», añade.

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