El Periódico

BARCELONEANDO

Clientes, pero sobre todo amigos

La librería Nollegiu de Poblenou cambia de local con la ayuda de sus parroquianos

Clientes, pero sobre todo amigos

JORDI COTRINA

Parte de la cadena humana que trasladó los libros de la Nollegiu de la vieja a la nueva sede, ayer.

Domingo, 31 de enero del 2016 - 18:55 CET

Agitador. Xavier Vidal se define como un librero agitador. Vistos los hechos a agitador no le gana nadie. A librero, pocos. Ayer, domingo por la mañana, día de paseo y vermut, consiguió lo que en un país donde en teoría se lee poco (él lo niega) es casi una utopía: movilizar a un centenar de personas por amor a los libros. Y consiguió lo imposible: que el encuentro, altruista, por supuesto, fuera para realizar un traslado. Actividad que no suele ser plato de gusto de nadie y a la que solo se consigue arrastrar a los amigos, a los de verdad. Así que los que ayer le ayudaron son incondicionales. Incondicionales de la Nollegiu, la librería que Vidal abrió hace dos años en el Poblenou y que ha conquistado tanto al vecindario que ha quedado pequeña.

Los habituales de la tienda hacen una cadena humana para trasladar los libros

El futuro pasa por un histórico edificio del barrio: el que fue sede de La Juanita, la tienda de modas más chic del Poblenou de los 70. "Vendían prendas del estilo Mary Quant", afirma Maria Dolors Maymó, una de las usuarias de Nollegiu, que, asegura, "no es una librería corriente, Vidal consigue que te impliques, que te sientas parte de ella". Maymó lo explicaba mientras transmutaba en uno de los eslabones de la cadena humana que transportó los libros del pequeño local de la calle Amistat a la nueva sede de Pons i Subirà. Apenas poco más de 100 metros en los que los voluntarios fueron pasándose los títulos de mano en mano con disciplina prusiana que en algún momento, los menos, mutó en anarquía mediterránea.

Nada de cajas. Pesan demasiado. Y la idea era que pudiera participar todo el mundo, mayores y pequeños, como Blai que con sus 7 años no desfallecía pese a preguntar un poco asustado: "¿Tenemos que vaciar toda esta biblioteca?". 3.500 volúmenes que a Vidal no le daba miedo perder: "¿Desde cuándo se roban libros en este país?". Además, lo dicho, allí eran todos amigos, aunque en sus inicios aterrizaran como clientes. Y casi todos, vecinos. "Si no defendemos estas iniciativas no podemos quejarnos de que cierren las tiendas de barrio", defendía Josep Nieto, otro eslabón de la cadena humana, en este caso, llegado de Gràcia.

La nueva sede es el edificio La Juanita, la que fue 'boutique' chic del barrio en los 70

Ante tanto entusiasmo la pregunta es obligada. ¿Qué da la Nollegiu a sus lectores? "Lo que me interesa es que la librería sea un espacio donde la gente sepa que pasan cosas y que pueden participar. Me dedicó a gestionar los deseos de los usuarios". Tantas cosas han pasado en la Nollegiu (nombre provocador con vocación de ser recordado) que sus 70 metros cuadrados han quedado pequeños. Y tantos han sido los deseos gestionados que el público se volcó en el 'crowfunding' que Vidal lanzó  para adecuar La Juanita: pedía 6.000 euros y ha recogido 16.000. 'Pas mal'.

A mediodía el trabajo estaba hecho. Y La Juanita empezaba a tener aspecto de librería. Aunque no del todo. Vidal, algo que le agradece el barrio y la familia Ibañez, propietarios del edificio y con la tienda de modas trasladada a la calle de Lope de Vega, mantiene el nombre en la fachada y parte de la decoración. No en vano, La Juanita fue toda una institución en Poblenou. Empezó en los años 20 como parada en el mercado, continuó como tienda en el mismo edificio que a finales de los 70, Juanita, la hija de la primera comerciante, convirtió en una 'boutique' de estilo parisién de tres plantas en la que llegaron a trabajaban 12 personas.

EL PESO DE LA RESPONSABILIDAD

Vidal, mantiene los probadores de la segunda planta, y detalles, como los colgadores de época, de la primera. Le gusta la idea de probador de libros. En la ya vieja Nollegiu tenía unas butacas bajo este letrero para que la gente pudiera sentarse y hojear los títulos antes de comprarlos. Ahora los probadores serán de verdad. Además de probador, la planta actuará de sala de actos, mientras la primera será propiamente la librería y la tercera acogerá la sede de la Fundació Catalunya Europa, cuyo presidente, Pasqual Maragall, hizo también ayer acto de presencia.

"Cuando empecé estaba ilusionado. Luego me entusiasmé para pasar a emocionarme. Ahora estoy acojonado. No puedo fallar". Es el peso de la responsabilidad que siente Vidal ante tanto apoyo recibido.

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