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EXHIBICIÓN POLICIAL EN EL BAIX LLOBREGAT

Un crimen sin castigo

Los Mossos revelan algunos de los trucos en un teatral 'Cluedo' organizado en Viladecans

Lunes, 12 de noviembre del 2012 - 10:21h. Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
CARLES COLS / Viladecans

La División de la Policía Científica de los Mossos d'Esquadra tiene un porcentaje de resolución de crímenes que asusta (evidentemente, espanta a los malhechores, que quede claro). Por ejemplo, durante el 2011 se cometieron en Catalunya 75 homicidios. Más del 90% de esos sucesos fueron resueltos por una delatora colilla junto al cadáver, una huella en un vaso, una gota de sangre o por otro tipo de pruebas que los CSI catalanes prefieren no revelar por no dar pistas y estropear sus estupendas estadísticas.

Simulación de un crimen a cargo de los Mossos para una clase ante jóvenes de Viladecans. RICARD DCUGAT

El asesino catalán, en honor a la verdad, suele ser bastante patosete. Eso también ayuda. La cuestión es que la policía científica de los Mossos le regaló el viernes por la noche a un grupo de jóvenes de Viladecans una exhibición teatralizada sobre cómo se resuelve un crimen. Menos autopsia, algo que la actriz que hizo de víctima agradeció profundamente, al espectáculo no le faltó de nada.

La muerte en escena era la de una supuesta abogada. Llevaba unos 'shorts' que le hubieran quitado el hipo al juez. Yacía ensangrentada delante de la mesa de su despacho, junto a una pistola, un cuchillo, una silla caída en el suelo y otros signos inequívocos de que allí había habido un zipizape notable que acabó con la vida de la joven. Descubrió el cadáver la mujer de la limpieza, que llamó a la policía, y la patrulla que allí se presentó llamó después a la unidad científica. Entonces realmente comenzó la lección magistral a cargo de dos agentes reales, cubiertos de cabeza a pies con un mono blanco y unas graciosas polainas para no contaminar la escena del crimen. La voz en 'off' de todo cuanto ocurría la ponía el subjefe de la división, Daniel Martínez. "Sí, será como en las películas ¿explicó antes de meterse en harina¿ pero en la vida real todo suele ser más lento. No se consiguen los resultados de una prueba de ADN en una horita. Y otra cosa, todo no lo podemos enseñar".

Que primero se fotografía con detalle el lugar del crimen es de sobras conocido gracias al cine. Por eso, es mejor pasar a los detalles menos conocidos de esta singular profesión. Como por ejemplo, que si hay una pistola de por medio es mejor, tan pronto como sea posible, quitarle el cargador. El público asintió con la cabeza al escuchar este sabio consejo por parte de Martínez, y algún que otro adolescente presente en la sala hizo una mueca torcida cuando el mismo especialista de la policía se recreó en contar cómo la sangre se acumula por la fuerza de la gravedad en un cadáver como si fuera un rosbif entumecido, pero aportando así jugosos detalles sobre la hora de la muerte y sobre si el cuerpo fue movido con posterioridad al crimen.

La pregunta obvia, llegados a este punto, es qué objetivo perseguía la teatralización de un asesinato ante ese medio centenar de miradas inocentes que conformaban el público. ¿Desaconsejarles la senda del mal? ¿Aleccionarles sobre cómo adentrarse en ella sin ser pillados a la primera de cambio? "Lo que queremos es que no vean la profesión de policía como algo lejano", aclaró afortunadamente Martínez.


Alguno de los presentes, cuando el mando de los Mossos lanzaba preguntas al aire, ya dio muestras de una cierta sagacidad policial. Por ejemplo. "Hay dos colillas en el cenicero. ¿Qué nos sugiere ese detalle?". Un médico diría que el tabaco mata, una sabia respuesta con la que, no obstante, no resolvería el crimen. Una mente más detectivesca deduciría que el asesino y la víctima tal vez se conocían. No suele haber cigarrillo sin charla. El análisis de las colillas determinará en el laboratorio si la abogada era una fumadora empedernida o si bien en el borde de uno de los pitillos hay muestras de saliva que conduzcan hasta el homicida.


La exhibición policial tuvo más momentos peliculeros, como la identificación sobre el terreno de unas manchas que parecían de sangre (lo eran, esperemos que fueran de pollo) y, sobre todo, el uso de una potente luz que se utiliza para localizar pistas casi imperceptibles en el suelo y de las que debería haber una en todas las casas para encontrar esas tonterías que se caen al suelo y que no hay quien encuentre.


Al final hubo aplausos. No era para menos. La abogada resucitó. Lo que no hubo fueron detenidos en esta suerte de gran 'Cluedo' de los Mossos. Pero visto el tajo que llevaba la finada en el cuello, habría que dictar orden de busca y captura contra la señorita Amapola. Fue con el cuchillo y en el despacho.

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