Un coche de los Mossos se coloca ante la entrada de la discoteca Capitolio, en el polígono Can Femades de Cornellà, la madrugada del sábado. FERRAN NADEU
El comité de bienvenida espera tras el torno de la estación de Ferrocarrils de Avinguda del Carrilet. Alineados y enteramente vestidos de negro, nueve agentes de orden público de la Guardia Urbana de L'Hospitalet, conocidos como los yanquis, apartan y cachean en busca de drogas y armas a todo aquel que a ellos o a los mossos les haya parecido sospechoso. Chicos y chicas --la mayoría suramericanos y algunos españoles-- que han cogido el ferrocarril o el metro para ir a las discotecas de Can Femades son identificados y colocados de cara a la pared. "Separe las piernas y relájese. ¿Lleva algo que le pueda comprometer? ¿Tiene algo que corte en los bolsillos?", pregunta a uno de ellos un agente que, juntándole las dos manos a la espalda, le registra el torso, las piernas, los zapatos...
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