La Audiencia de Barcelona ha condenado a un año y dos meses de prisión y una multa a Miguel G. G., que regentaba el bar Tarkus de la calle de Avinyó, en Ciutat Vella, como autor de un delito de contaminación acústica. Según la sentencia de la Sección 21, el acusado instaló en el local una cadena musical sin limitador de sonido y las emisiones sonoras generaron molestias a los vecinos. El tribunal ha aplicado el atenuante de reparación del daño, ya que en el 2009 el imputado adaptó y acondicionó debidamente el local. Por esta razón, se le ha impuesto una pena menor.
Información publicada en la página 37 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 03 de febrero de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
La sentencia relata que Miguel G. G. regentaba desde junio de 1988 el bar Tarkus y que en octubre de 1996 transformó el establecimiento, sin que conste licencia o permiso administrativo alguno, en un bar musical. Así, instaló una cadena de música sin limitador de sonido, dedicándose a organizar conciertos en directo. Entre los años 1996 y 2004, el distrito incoó hasta tres expedientes sancionadores al imputado por actividad ilegal y contaminación acústica.
A pesar de ello, desde octubre del 2007 hasta septiembre del 2009, las emisiones sonoras del bar generaron, sostiene la resolución, inmisiones de ruido en un piso del bloque donde está el local. El vecino perjudicado alegó un proceso crónico de cansancio y estrés como consecuencia de la continua emisión sonora producida todas las semanas, de martes a sábado y en horario de las 22.00 horas a las 3.00 horas. En seis meses, entre octubre del 2007 y abril del 2008, los afectados denunciaron en cuatro ocasiones al local ante la Guardia Urbana y, posteriormente, en el distrito de Ciutat Vella. La sala siguió funcionando. Finalmente, el caso llegó a la Fiscalía de Medio Ambiente de Barcelona.
NIVELES ILEGALES / La sentencia detalla que los índices de inmisión sonora detectados en las diferentes inspecciones en el domicilio de los perjudicados superaba los límites permitidos por la normativa sobre ruido ambiental. Un dictamen del Instituto Nacional de Toxicología concluyó que esta situación provoca transtornos del sueño, estrés, cansancio y otras patologías.
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