Para el diseñador Javier Mariscal, Cobi, la mascota que creó para los JJOO de Barcelona 92, recibida entonces con pasmo por los sectores más conservadores del olimpismo, ha envejecido "muy bien", aunque él reniegue del cartel oficial: un "frankenstein" desnudo que el COOB montó a retazos de sus trabajos.
Xavier Mariscal, con Cobi, en el Estadi Olímpic, en la época de los Juegos Olímpicos de Barcelona-92. ALEJANDRO YOFRE | ARCHIVO
"Aquel Cobi desnudo aplastado y con un logo en la panza, de color blanquecino, como si no hubiera tomado el sol, fue un gol que me metieron los del comité olímpico cuando yo estaba en África. Cada vez que lo veo me pongo muy triste", rememora Mariscal en una entrevista a Efe con motivo de los 20 años de los Juegos de Barcelona.
Pero más allá de esta anécdota, el creador se siente totalmente satisfecho de su criatura. Inspirado en un 'gos d'atura' (perro pastor catalán), Mariscal, que en un principio no estaba muy motivado por un encargo tan institucional, ideó un perro humanizado, "capaz de crear sentimientos, estar alegre y llorar, pero sobre todo que representara bien el espíritu olímpico".
El diseñador valenciano había llegado en los 60 a una Barcelona "tristísima, donde todo el mundo vestía igual" y tras su paso por el 'underground' cultural tenía ya un nombre reconocido en el mundo del diseño cuando en 1988 su mascota, que él mismo bautizó como Cobi, fue elegida entre el resto de propuestas.
"Al principio no gustó. La gente decía que íbamos a hacer el ridículo. Pero dentro del mundo del diseño profesional recibí muchas felicitaciones: rompedora, fantástico", señala Mariscal, aunque puntualiza que el verdadero riesgo no lo asumió él con su diseño, sino la organización aceptando una mascota que se salía de las normas más convencionales.
De los centenares, de los miles de copias y objetos de mercadotecnia que se hicieron con Cobi y que ha encontrado allí por donde ha viajado, Mariscal se acuerda de uno con un gran miembro viril que le colgaba entre las patas y un "cobi ambientador para taxis que hacía que el coche oliera a manzana".