El hogar de fuego del club londinense Brooks arde de forma ininterrumpida desde el año 1764. Eso puede considerarse sin ningún genero de dudas una tradición. Para situar bien las cosas, cuando se alumbró por primera vez aquella hoguera en aquel selecto club del número 60 de Saint Jame's Street, Maria Antonieta, en Francia, aún conservaba la cabeza (aunque técnicamente puede afirmarse que jamás la perdió, pues tras pasar por la guillotina la enterraron con la testa entre las piernas). La cuestión, en cualquier caso y por poner el foco en lo que corresponde, es que los ingleses, cuando se ponen, son muy persistentes.
Desde las ocho de la tarde del viernes, un inglés, Barnaby Noone, da vueltas de forma ininterumpida a la manzana del Eixample que delimitan las calles de Consell de Cent, Comte de Borrell, Diputació y Viladomat. Lo hace con el aliento, y a ratos la compañía, de los vecinos del barrio. Reivindican todos juntos que el Ayuntamiento de Barcelona recupere para el barrio el solar del antiguo convento de las Germanetes dels Pobres, nada menos que 5.400 metros cuadrados actualmente en desuso, de titularidad municipal, y en un barrio en el que es cierto que hay algunas minúsculas zonas verdes, pero por lo general son bastante desafortunadas.
El solar es propiedad del ayuntamiento a raíz de una permuta de terrenos de la que ya pocos se acuerdan. El Hospital Clínic ofreció al municipio esa pieza urbanística a cambio de poder ampliar sus instalaciones de la calle de Villarroel. Es decir, al ayuntamiento le dieron una perla y la metió en la caja de las canicas. Ahí sigue, como olvidada.
Periódicamente, los vecinos se acuerdan del solar de las Germanetes dels Pobres. La verbena de Sant Joan les ha parecido una buena oportunidad. Noone, muy activo y muy inglés en las reuniones que semanalmente se celebran en un bar de la calle de Consell de Cent, ofreció en una de esas citas sus muslos para llamar la atención. Es más o menos una metáfora. Planteó una maratón de 24 horas que finalizará a las ocho de la tarde con una verbena en toda regla. Habrá hoguera (más grande que la del club Brooks, ¡toma ya!), coca, cava, petardos e, incomprensiblemente por lo indigesta que es de noche, paella. Los curiosos tendrán a su diposición una escalera para ver sin peligro de descalabro qué se esconde tras el muro y comprender así mejor las enormes posibilidades que ofrece el solar.
A media mañana, Noone estaba extraordinariamente fresco. No había estado solo ni un solo minuto. Estaba hasta sorprendido de lo poco monótona que era la experiencia, pues había pasado las horas conversando de todo y nada, es decir, algo bastante enriquecedor. Hasta tuvo, durante la madrugada, un rato para el misterio. En una de las vueltas reparó en un minúsculo objeto que había en el suelo. Parecía una goma de borrar mitad roja y mitad negra, como si fuera un obsequio de la CNT a quienes se acercan a su tienda de regalos anarquistas (por favor, no la tiene, es broma). En una de las vueltas, se agachó y la puso en un pequeño saliente de la pared. En otra, la curiosidad le pudo y la observó con más detenimiento. "¡Es un pendrive!".
A mediodía, la maratón proseguía. El pendrive sigue ahí. Por si alguien lo ha extraviado, pregunten por Barnaby en el barrio. Si nadie aparece, quién sabe si este inglés tan paciente resistirá la tentación y perderá la cabeza, como Maria Antonieta.