El Periódico

Los vendedores de libros consiguen volver al perímetro del nuevo mercado de Sant Antoni

El ayuntamiento accede finalmente a resituar todos los puestos a lo largo del anillo, bajo marquesinas

Los vendedores exteriores de ropa se ubicarán en la calle de Tamarit, que tendrá una plataforma única, como Borrell

Los vendedores de libros consiguen volver al perímetro del nuevo mercado de Sant Antoni

FERRAN NADEU

El marcado de Sant Antoni, en obras, esta semana.

PATRICIA CASTÁN / BARCELONA

Viernes, 4 de noviembre del 2016 - 16:13 CET

El mercado dominical de libros de Sant Antoni, en el 2005.

Si nada se tuerce, en el plazo justo de un año se reabrirá el mercado de Sant Antoni convertido en un equipamiento del siglo XXI pero con todo el carácter histórico que lo define. Y su personalidad se reafirmará finalmente con la continuidad del mercado dominical de libros, tebeos y cromos en el perímetro del recinto. Mercats de Barcelona acaba de alcanzar un acuerdo con los más de 90 libreros que durante las obras se han mudado al tramo superior de Urgell y que persiguen el objetivo de crecer al amparo de la remodelación.

Han tenido que pasar siete años y encararse la fase final de la intervención para poner de acuerdo a ayuntamiento y vendedores de libros. Inicialmente se pensó en mantener su ubicación original, pero la reforma del mercado ha implicado recuperar su estructura de cruz y ganar varias plazas, además de verse alterada la obra por los hallazgos arquitectónicos que han demorado los trabajos. Con esos cambios, el ayuntamiento fue partidario de otras ubicaciones, sobre las que no ha habido consenso.

En los dos últimos años se ha hablado de mantener el mercadillo dominical de libros de viejo en su actual ubicación de Urgell, bajo la enorme marquesina construida para la ocasión. Pero el proceso participativo de varios meses que culminó el pasado septiembre no daba opción. Los vecinos de esa vía quieren librarse de una vez de la estructura metálica que les deja sin sol y vistas. Tampoco ha funcionado la idea de situar los libros en el espacio que ahora ocupan las carpas provisionales del mercado en la ronda de Sant Antoni, aprovechando que en estos años ya se ha consolidado su uso sin tráfico, ya que el ayuntamiento aún no tiene claro cuál será el futuro de este tramo de la vía y cómo reurbanizarlo.

INAMOVIBLE

El mismo proceso participativo sirvió para dejar claro que los libreros no aceptaban más salida que volver a su lugar de origen. Y con esa premisa, el consistorio les hizo finalmente una propuesta la noche del pasado jueves, según la que los puestos envolverán cada domingo el exterior del renovado mercado. Solo que ahora no tendrán detrás los muros del recinto, sino las plazas que han quedado liberadas.

Fuentes municipales explican a este diario que en los tramos correspondientes a Borrell, Tamarit y Manso se crearán unas marquesinas fijas de entre nueve y diez metros de ancho por unos 80 de largo para cobijar a los paradistas dominicales, dispuestos en dos filas y con un pasillo central de tres metros de ancho. En cambio, en el tramo de Urgell la marquesina tendrá que ser de quita y pon. En las zonas fijas se tratará de una estructura ligera y de poca altura, para no interferir en la imagen exterior del mercado, cuyas obras rondarán los 60 millones de euros, ni tapar sus entradas, ya que algunos domingos al año todo el comercio puede abrir.

El ayuntamiento destaca que fruto de los hallazgos arqueológicos, el espacio con escalinata generado entre el 'baluard' y la contraescarpa, de Manso a Urgell podría optimizarse situando alguna parte temática del mercadillo dominical, como los juegos, dejando los libros para el perímetro.

De momento, añaden fuentes municipales, los técnicos trabajarán para diseñar a contra reloj con detalle las ubicaciones y marquesinas. Paso imprescindible para que los vendedores den luz verde al total del proyecto. No obstante, su presidente, Joan Mateu, ha confirmado a este diario que están satisfechos con la ubicación, a falta de pulir algunos flecos.

En especial el que afecta a la capacidad total de puestos de venta. Ni la crisis ni la reubicación han lastrado al mercado de libros, que ha logrado crecer en ventas y ahora exhibe pulmón. "Para tener futuro y ser competitivos hemos de ser un mercado grande, crecer", defiende Mateu, que recuerda que los operadores atesoran en sus almacenes unos 4,5 millones de ejemplares. Una trinchera cultural que Barcelona no puede menospreciar.

NUEVOS LIBREROS

Por eso, defienden la entrada de nuevos libreros en escena y consideran que la actual propuesta del ayuntamiento se queda corta para ese fin. Resta por negociar cómo ganar unos 25 metros lineales, detalla el representante de los libreros. También exigen más detalles sobre la funcionalidad de la marquesina no fija de Urgell, para garantizar su viabilidad.

Lo que también ha quedado claro es que ya no coincidirán espacialmente los domingos de comercio abierto con los vendedores de ropa que se instalaban fuera del recinto, y que se ubicarán en la calle de Tamarit. Esta vía se pacificará, al igual que Borrell, y por su amplitud aglutinará estos comercios textiles. La convivencia cómoda de todas las caras de Sant Antoni, de los libros al textil interior y exterior, el producto fresco y la restauración, está ya rubricadas, aseguran en el ayuntamiento. 

Bajo el símbolo del murciélago

El mercado modernista de Sant Antoni, uno de los más antiguos de Barcelona, fue construido por Antoni Rovira i Trias entre 1887 y 1882. Sobre la puerta principal destaca el escudo de Barcelona, coronado por un murciélago, símbolo heráldico de los antiguos emblemas de la ciudad.

En el 2007, el ayuntamiento inició un ambicioso proyecto de ampliación y de restauración integral, que se tuvo que modificar a raíz del yacimiento romano descubierto durante la intervención arqueológica, en la que también se encontró parte de una contramuralla sigle XVII.

La plaza se ubica entre las calles de Comte d'Urgell, Tamarit, Comte Borrell y Manso, cerca de las rondas de Sant Antoni y de Sant Pau. En 1936 este mercado empezó, además de productos frescos, a acoger ventas de segunda mano, que tenían su origen en la Fira de Bellcaire, que en sus inicios, a finales del siglo XIX, tenían su sede cerca en la Ronda de Sant Pau y, posteriormente, en Urgell, Tamarit y la Ronda de Sant Antoni. Precisamente, en esa época en el mismo mercado empezaron a instalarse los primeros libreros viejo, junto al resto de feriantes.

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