La media de edad de las personas que forman las juntas de las asociaciones de vecinos de Barcelona -más de 300 contabilizadas, 104 de las cuales federadas- supera el medio siglo; 52 años, para ser exactos, según la radiografía del movimiento vecinal que acaba de publicar el equipo de proyectos de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona (FAVB), que compara la situación del activismo de barrio hoy con el de hace una década, y del que se extraen datos curiosos, como que casi el 44% de las asociaciones no tienen siquiera una dirección de correo electrónico, que solo el 19,8% dispone de página web o que a penas el 52,3% dispone de una simple conexión a internet (aunque un 87% cuenta con al menos un ordenador).
Viejas herramientas 8 Concentración por los derechos civiles convocada por la FAVB el pasado abril. ARCHIVO / CARLOS MONTAÑÉS
Información publicada en la página 36 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 26 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Pese a la dureza de las estadísticas, de las que, a primera vista, se interpreta que los activistas de barrio son los de siempre, cada vez más mayores y, por ley de vida, más desactualizados, no está todo tan perdido. Las comparaciones con el mismo estudio realizado en el 2001 dan cierta esperanza al movimiento. En cuanto al número de personas movilizadas, de ciudadanos que se mueven por su barrio, se ha mantenido prácticamente estabilizado en la última década.
Movimiento vivo
El número de asociados hoy por hoy es de 43.672 -con una media de 424 personas por asociación-, mientras en el 2001 era de 43.569. Dato optimista, no solo el número de activistas se ha mantenido en la última década, sino que incluso hay 100 nuevos fichajes.
En cuanto al perfil del activista, aunque es evidente que las juntas siguen siendo espacios con «mayoría de gente madura», según la terminología usada en el estudio, la principal diferencia respecto a la encuesta anterior es que, hoy por hoy, las franjas más jóvenes han incrementado ligeramente su peso sobre el total de miembros de las juntas, aunque «sigue siendo destacable que la presencia de personas menores de 40 años es insignificante».
Donde sí ha habido un cambio ha sido en lo que se refiere a la presencia de mujeres en las juntas. Mientras en el 2001 solo el 36% de los miembros de estas eran féminas, en la actualidad esta cifra ha ascendido hasta el 45%.
La dificultad de los locales
«Disponer de un espacio propio es una cuestión básica para cualquier asociación con voluntad de intervención social, ya que el local se convierte en un punto físico de referencia, en este caso de la asociación de vecinos», apunta el estudio, que también destaca que un aspecto importante de estos es el régimen de tenencia. «Es importante por el hecho de que determina en gran medida las capacidades de las asociaciones, sobre todo en aquellos casos en los que el pago de los alquileres, o de los gastos en general, implican considerables esfuerzos a las entidades, que a veces juegan en detrimento de otras actividades o servicios», prosigue el informe. En el caso de Barcelona, la mayorías de los locales que utilizan las asociaciones son cedidos, seguidos a bastante distancia por los de alquiler (un 60,5% son cedidos, un 27,6% de alquiler y un 11,8% de propiedad).
Y, en una época como la actual, en la que las asociaciones están viendo recortadas las subvenciones que recibían por parte de la administración, y en la que muchos de sus socios están sufriendo la crisis en sus propias carnes, con lo que pagar la cuota de socio se hace también cada día más difícil, algunas asociaciones -de las del 27,6% que pagan alquiler- están viendo peligrar la permanencia de su local social, con el prejuicio que eso pueda conllevar a las actividades que realizan.
Inicios en los años 60
La radiografía hace también memoria. Recuerda que las primeras asociaciones de vecinos de Barcelona se crearon en el marco de la ley de 1964. Atendiendo a la multiplicidad de problemáticas que se vivían en cada barrio, el asociacionismo vecinal se estructuró en un sistema que agrupaba las inquietudes sectoriales de las personas de los distintos territorios, pero en el marco global de un mismo ámbito organizativo que se caracterizaba principalmente por tres rasgos: eran asociaciones generalistas, no sectoriales -no reaccionaban contra algo concreto, sino que luchaban por la mejora del barrio en general-, el trabajo se dirigía a todo el territorio y no solo a los asociados y las tareas se dividieron en vocalías específicas.