Fenómenos naturales y elementos humanos se conjuraron ayer, casi en una tormenta perfecta, para convertir la jornada en un día negro en la movilidad metropolitana. La caída de 72 litros de agua en apenas 15 horas, otra huelga de metro y también de Rodalies, y la vigilia de un largo puente colapsaron los accesos a Barcelona, las principales calles y las mayores estaciones. Moverse con alguna certeza horaria fue una misión imposible, en especial por la mañana. Los grandes atascos desde Badalona, Cornellà o Terrassa empezaron con el alba y duraron casi hasta que el agua desapareció. TMB debió regular el acceso a las principales paradas para evitar las aglomeraciones en unos metros a rebosar por los servicios mínimos del 33%. Era el sexto día de huelga en un mes y la plantilla, que también se manifestó por la tarde contra la supresión de su paga de Navidad, decidió continuarla el 14 y el 23, en plena campaña electoral.
Aglomeración de ciudadanos en la estación de Diagonal de la L-5 durante la huelga de metro, ayer. ALBERT BERTRAN
Información publicada en la página 38 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 01 de noviembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Las colas de vehículos atrapados bajo la lluvia fueron kilométricas, en especial en la C-58, siguiendo la pauta de esta infausta semana para los usuarios de la autopista del Vallès tras el estreno del carril bus VAO. Mientras esta flamante calzada (de Ripollet a la Meridiana), restringida a buses y coches con tres o más ocupantes, aparecía semivacía, casi toda la C-58 desde Terrassa (18 kilómetros) era un atasco en dirección a Barcelona. Tal ahogo no empezó a remitir, en parte, hasta pasadas las once de la mañana.
Las demás vías teóricamente rápidas también registraron retenciones de longitudes monumentales. La B-23 tuvo 11 kilómetros de Molins de Rei a la Diagonal, la A-2 se anotó nueve, en la AP-7 fueron cinco, los mismos que en la C-31. En las dos rondas las colas y avances acordeónicos llegaron hasta el mediodía.
AGLOMERACIONES / El seguimiento de la huelga y los servicios mínimos del 33% todo el día causaron importantes aglomeraciones en las horas punta en las estaciones de trasbordo de la L-1, L-3 y L-5: Diagonal, Espanya, Catalunya, Sants Estació, Plaça de Sants y La Sagrera. TMB informó de que tuvo que regular aquí la entrada de pasajeros para no poner en peligro la seguridad. La empresa insistió en que los servicios mínimos de la Generalitat eran «insuficientes» para las horas punta.
Los 3.300 trabajadores del metro y sus representantes (los paros los suscriben los principales sindicatos, UGT, CCOO y CGT) siguen reclamando a la empresa que cumpla el convenio colectivo y que no aplique el decreto del Gobierno central, dirigido a funcionarios y trabajadores de empresas públicas, que elimina la paga extra de Navidad o una cantidad equivalente «para garantizar la estabilidad presupuestaria».
Los 4.000 empleados de los autobuses de TMB están afectados igualmente por este conflicto. Sin embargo, según la empresa, el 45% de los empleados ya se han acogido a la propuesta de adelantar las pagas extras de los próximos años para amortiguar y aplazar el efecto del recorte. El comité de huelga de bus canceló los paros de dos horas previstos para estos días y dio una tregua de tres semanas para llegar a un acuerdo definitivo. Si este no llega, las huelgas volverán durante la campaña electoral que empieza la próxima semana.
El presidente de TMB y primer teniente de alcalde, Joaquim Forn, denunció ayer el «abuso» que están cometiendo los sindicatos del metro y recordó que «hacen pagar a los ciudadanos» un problema impuesto por Madrid que TMB no puede eludir.
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