Hubo un tiempo en el que la ciudad estaba tomada por las brigadas. Era cuando el trabajo no se hacía en la soledad. Los basureros iban en grupo colgados de la plataforma trasera como todavía hacen hoy algunas unidades. Y tiempo atrás, los carros de la basura eran efectivamente carros y el basurero diurno se veía acompañado de su caballo, que no es lo mismo que trabajar en grupo, pero al menos permite el monólogo con el animal. En los autobuses hace tiempo que desapareció el equipo entre cobrador y conductor. Incluso la histórica silueta de la Guardia Civil caminera ha dejado de ser pareja estable para convertirse en algo parecido a un grupo de amigos dispuestos al picnic.
Información publicada en la página 30 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 06 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Una de las soledades más lacerantes del empleado urbano es la del transportista del Bicing. En una ciudad con pendiente, las ruedas siempre siguen el camino del agua y todas las bicicletas van a la mar, que como dijo Manrique, «es el morir». Pero alguien ha de subirlas.
A primera hora de la mañana todas las bicicletas se encuentran en posición de revista. Pero a eso de las nueve y media ya no queda ninguna. El bicinguero, armado con su remolque, sabe que hay que darse prisa. En el fondo es un pequeño héroe urbano que concita las iras del resto de automovilistas. De nada sirve que el esforzado atlante vaya descargando sus frágiles vehículos y se enfrente a los pitidos de taxistas y camionetas al grito de «¡estoy trabajando!». Al fin y al cabo las mañanas de la ciudad son siempre un gran ámbito laboral. No hay trayectos de placer ni paseos superfluos. Todo el mundo que ocupa con su vehículo el asfalto lo convierte en materia rentable.
Pero el bicinguero no es como los otros. En su remolque lleva uno de los elementos más odiados por los conductores a motor. Las bicicletas son para el verano y para los domingos, pero no para los días laborables. No hay piedad con el ciclista. Se le considera un intruso de la circulación y un expropiador de la vía con su consiguiente estrechez. El bicinguero sería, pues, el sembrador de desencuentros entre los transeúntes. La abeja reina que va distribuyendo a las abejas obreras para que incordien con su presencia la fluidez del tráfico.
Velocidad ajena
3 Una bicicleta no pesa gran cosa. Pero si son muchas bicicletas al día, entonces se convierten en una carga para el transportista de la velocidad ajena. El bicinguero carga y descarga, amarra sus monturas como si fueran caballos mecánicos, comprueba los desperfectos que hay en los radios y también en los guardabarros y se lleva al purgatorio de las bicicletas aquellas que no reúnen las condiciones para su utilización. Siempre de abajo arriba y luego de nuevo abajo.
Es el Sísifo moderno, aquel personaje mitológico que fue condenado por Zeus a subir una gran roca hasta la cresta de una montaña y, cuando faltaban unos cuantos palmos para llegar, la roca se precipitaba de nuevo hasta el valle a la espera del nuevo día de Sísifo. Ese era el mito. Ahora es la realidad.