Samalanchi, como pronuncian los chinos, es tan popular en el país como lo fueron los propios JJOO de Pequín del 2008. La muerte del que fue presidente del Comité Olímpico Internacional causó conmoción entre sus 1.330 millones de habitantes, que lo elevaron a la categoría de mito. Así, 11 años después de la designación de la capital china como sede de los Juegos, y dos años después de la muerte de Juan Antonio Samaranch, era previsible que su legado se materializase en forma de fundación. Y que tuviese una solemne inauguración en la Casa del Pueblo con máximos representantes institucionales y del mundo del olimpismo.
El Ayuntamiento de Barcelona tuvo un papel coprotagonista en la celebración, ya que la fundación, al margen de promover el deporte y sus valores, persigue estrechar vínculos entre España, con Barcelona a la cabeza, y China. Un acercamiento que no solo afectará a lo deportivo y cultural, sino que adquirirá también peso económico. El alcalde Xavier Trias afirma que la capital catalana y la china comparten el deber su designación olímpica, en buena medida, a Samaranch, lo que ha generado este vínculo póstumo. “Es una gran oportunidad para proyectar al mundo Barcelona, y para que China nos conozca más, por tanto también nos dará más facilidades para intercambios comerciales e inversiones”, agrega.
La fundación, sin ánimo de lucro, está participada por la familia Samaranch, el Comité Olímpico Internacional y el chino, el Gobierno de España, el Ayuntamiento de Barcelona, La Caixa y otras empresas e instituciones. Juan Antonio Samaranch hijo destacó ayer que “tener relación con un país tan importante (China) y exportador de capital hará que se tenga más presente” las relaciones económicas con Catalunya.