El lunes, 1 de octubre, no será un primer día de curso normal en la guardería del Hospital del Vall d'Hebron. En vez de los 151 alumnos que tenía el año pasado, este empezará con solo la mitad, ya que la gerencia del mayor centro sanitario del país ha decidido que la escuela para los hijos de los trabajadores no es una prioridad, y que en un periodo de recortes como el presente es un servicio prescindible, así que no ha abierto nuevas plazas.
Información publicada en la página 38 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 29 de septiembre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
«Este año tenemos la mitad de niños, ya que los mayores se han ido y no han abierto nuevas matrículas, pero la intención del centro es cerrar la guardería cuando estos acaben», denuncia Ascensió Trallero, directora de la escuela. Pero ni el equipo docente ni las familias -tanto las que tienen a sus hijos dentro como las que se han quedado fuera- están dispuestas a dejar que se cierre una escuela que lleva 38 años funcionando y que se abrió tras una larga reivindicación para que, en su día las enfermeras y ahora todo el equipo del hospital pudieran conciliar la vida laboral con la familiar. De hecho, la escuela, para niños de 0 a 3 años, está abierta 12 diarias para cubrir todos los turnos del centro.
Tras meses de protestas de todo tipo -manifestaciones, recogida de firmas...- sin lograr ninguna respuesta, este lunes, día de inicio de curso para el centro, han preparado una nueva movilización. «No queremos que el tema muera», subraya la directora. A las nueve de la mañana se concentrarán en el patio del colegio, y a las doce lo harán frente al Departament de Salut para exigir una respuesta al conseller Ruiz. Este, tras recibirles el 30 de agosto, les prometió contestarles en cinco días, sin que haya habido noticias suyas.
El argumento que ofrece la gerencia del hospital para justificar el cierre de plazas es que la prioridad de un hospital es la asistencia sanitaria a los pacientes. Es decir, que la escuela para que los trabajadores puedan tener a sus hijos en su mismo puesto de trabajo es un lujo, al que hay que renunciar en tiempos de recortes. Las educadoras y los padres, en cambio, insisten en que se trata de un problema de mala gestión.