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Innovación en la seguridad ciudadana

La Guardia Urbana del mar

La nave recorre todo el litoral y avisa a los agentes en tierra de la presencia de carteristas y lateros

La policía local barcelonesa utiliza por primera vez una patrullera para vigilar las playas de la capital

Viernes, 31 de agosto del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
ANTONIO BAQUERO
BARCELONA

El mar era el flanco que le faltaba a la Guardia Urbana para cerrar el candado de seguridad con que este verano intenta combatir la pequeña delincuencia en las playas de Barcelona. Por eso, la policía barcelonesa adquirió una lancha semirrígida con la que, desde julio y durante toda la jornada, patrulla las aguas cercanas a la orilla, en paralelo a los cerca de 70 agentes, la mitad de ellos de paisano, que peinan la arena.

Agentes a bordo de la patrullera de la Guardia Urbana vigilando la playa del Somorrostro, ayer por la mañana. RICARD CUGAT

Agentes a bordo de la patrullera de la Guardia Urbana vigilando la playa del Somorrostro, ayer por la mañana. RICARD CUGAT

Agentes a bordo de la patrullera de la Guardia Urbana vigilando la playa del Somorrostro, ayer por la mañana. RICARD CUGAT

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Información publicada en la página 30 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 31 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

El barco, una zodiac de 6,5 metros y 100 caballos, hace una ronda tras otra por el litoral de la ciudad. Para poder patrullar en el mar, el ayuntamiento se ampara en que la ley da competencias a los municipios sobre los primeros 200 metros de costa. «En principio se concibió esa lancha como la manera de cerrar, junto con los agentes que patrullan a pie, la pinza de seguridad sobre las playas. Luego hemos visto que, además de esa utilidad, nos da muchas otras prestaciones», explica el intendente de la Guardia Urbana Carles Reyner.

MEJOR PERSPECTIVA / Su principal cometido es favorecer el combate de la policía local barcelonesa contra los vendedores ambulantes y, sobre todo, los carteristas que actúan en la arena. «La playa se inclina hacia el agua y, desde el mar, se la ve como una grada, lo que permite una privilegiada panorámica de lo que pasa. Hay mejor perspectiva que desde la propia playa», añade el sargento José Luis Campos, responsable del operativo de playas de la Guardia Urbana, que señala que, todo aquello de interés que se percibe «se comunica por radio a los agentes que están patrullando a pie».

Estos dos meses han permitido ya trazar una cartografía policial de las playas de Barcelona. «Las más conflictivas son las de Sant Miquel y la Barceloneta. Va gente más joven, más despistada, que suele ser el objetivo de los carteristas».

«Los vendedores ambulantes ya nos conocen. En cuanto nos ven aparecer ellos se marchan de la playa», comenta el sargento, que incide en la importancia de esa causalidad. «Los carteristas se fijan en si en la playa hay vendedores ambulantes o no. Si hay, ellos interpretan que no hay policía de paisano y entonces se lanzan a actuar», comenta.

Además de esas labores de vigilancia, la lancha realiza también labores de socorrismo y de asistencia a pequeñas embarcaciones, así como de avisos en el caso de que se detecte alguna mancha de gasóleo o una llegada masiva de medusas a la orilla. Los agentes tienen ya calculado el tiempo de respuesta urgente en caso de emergencias. «Desde el Port Olímpic [donde amarra] hasta el hotel Vela tardamos dos minutos y hasta el Fórum entre 3,5 y cuatro», dice Patxi Asensi, el agente encargado de pilotar la lancha.

WINDSURFISTA EN PELIGRO / En esas acciones de salvamento actúan normalmente en coordinación con la Cruz Roja. Así, juntos lograron localizar a una joven cuyos familiares habían avisado de que se había metido mar adentro nadando y a la que habían perdido de vista. Cuando la localizamos estaba muy cansada y no podía regresar. Otro salvamento fue el de un windsurfista. «Un compañero del chico -explica el sargento Campos- avisó a una patrulla en la playa de que su amigo, que no tenía muchos conocimientos de windsurf, se había metido muy adentro y no podía regresar. Cuando le localizamos estaba agotado, se había caído varias veces de la tabla y no conseguía levantar la vela. Cuando nos vio llegar fue como si se le hubiera aparecido la Virgen».

También hay una labor disuasoria. Por ejemplo, en el control de motos acuáticas, por si se acercan a zonas de baño. Cuando les ven, moderan la velocidad. Otro fenómeno contra el que combaten los agentes son los saltos desde los espigones, una actividad muy peligrosa. «En una jornada hemos llegado a echar a hasta 80 personas del espigón de detrás del hotel Vela», dice Asensi.

Antes de ponerlo en marcha, los encargados del operativo se reunieron con otros responsables de policías locales que ya disponían de patrullaje marítimo, como Torre-

dembarra, Calafell o Palamós. «Ellos tienen más experiencia. Nos orientaron mucho, sobre cómo vestirnos, cómo llevar las armas y otras cuestiones», explica el sargento Campos.

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