Batida David Gómez, Miguel Jurado y Xavier García Albiol en una redada en la calle de Xile, en enero. AYUNTAMIENTO DE BADALONA
Hay semanas en las que apetecería no salir de la cama. El lunes, al alcalde de Badalona, Xavier García Albiol, le amargó la hora de la merienda una llamada telefónica en la que se le informaba de que acababa de estallar un presunto caso de corrupción en el seno de su gobierno. Martes, miércoles y jueves se le comió el tiempo esa cuestión. Unas grabaciones en manos del juez revelaban cómo un cargo de confianza elegido personalmente por él trataba de extorsionar a un comerciantes de la calle de Xile. Ayer, García Albiol desayunó con una derrota, una más, a manos de la oposición, esta vez en la comisión municipal de Urbanismo. Parecerán cuestiones inconexas, pero no es así.
La oposición --Jordi Serra (PSC), Ferran Falcó (CiU) y Carles Sagués (ICV-EUiA)-- coincide poco o mucho en afirmar que el origen de ambos problemas (el escandalazo de la extorsión y las votaciones perdidas) es el mismo: el peculiar estilo del alcalde.
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