Fue muy poco después de recibir la medalla de oro de la ciudad cuando les dieron la noticia. Ironías del destino. «Tras casi 80 años, después de haber nacido y crecido en el barrio y de ser el único club tan veterano que sigue en el lugar donde se creó, nos invitan a marcharnos, sin más», explica notablemente dolido Ignasi Cuadern, presidente del club de básquet Centre Parroquial El Roser, en el Fort Pienc desde 1933, y ahora en jaque, ya que la Iglesia, propietaria del equipamiento en el que juegan, les ha dicho que deben abandonar las instalaciones. Necesitan esos espacios -justo frente al teatro Nacional- para hacer «acción pastoral».
Lugar de encuentro. Un grupo de chicas se entrena en la flamante pista del Roser, el viernes por la tarde.
Información publicada en la página 37 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 14 de junio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
«Echándonos expulsan a 300 niños, a 300 familias. ¿Dónde está la solidaridad que tanto predican? ¿Y los valores?», lamenta Jordi Montes, miembro de la directiva del club.
Levantado por los fieles
Cuadern rememora cómo y quién creó el club de baloncesto y el centro social El Roser, del que también deben irse y que ahora acoge una escuela de música -desde hace más de 30 años- a la que acuden 150 niños y un grupo de teatro, que también quedarán desamparados. «Fue en 1933 y fue un cura de la propia parroquia quien lo impulsó. El deporte era una herramienta integradora, de captación de fieles», indica Cuadern. La pista de básquet se construyó detrás de la iglesia, y hoy por hoy es compartida también con el colegio de al lado, el Sagrat Cor. «El centro social se construyó gracias a las donaciones de la gente del barrio. Los vecinos pusieron dinero para levantar un punto de encuentro social y ahora nos lo quitan», resume el presidente del club. «El Roser continua siendo un centro social de referencia para el Fort Pienc y parece que la Iglesia quiere especular con él. Estos terrenos están calificados como vivienda, no como equipamientos, así que pueden hacer cualquier cosa con ellos. Son suyos, legalmente pueden hacerlo, pero ética y moralmente es otra cosa», prosigue.
Antes de invitarles a irse una vez acabe este curso escolar -es decir, ya-, les propusieron pagar un alquiler, del que no se concretó la cuantía ya que, en la segunda reunión, esa opción fue descartada porque los representantes de la Iglesia alegaron que necesitaban el espacio. Cuadern apunta que su presencia en el espacio no solo no comporta ningún gasto para la parroquia, ya que pagan los servicios, sino que acaban de hacer una inversión de 40.000 euros en renovar la pista, una pista que van a tener que abandonar.
«Tenemos un crédito de 20.000 euros y nos quedamos sin pista. Ahora estamos negociando con el ayuntamiento, que nos ha dicho que nos va ayudar, pero es muy injusto que tengamos que pagar entre todos por culpa de la Iglesia», insiste el presidente del club, quien, eso sí, está convencido de que en setiembre tendrán lugar dónde entrenar. El ayuntamiento les ha propuesto remodelar el puente de Marina para adecuar las pistas para competir. Pese a que alternativas hay, desde el Roser insisten en denunciar la injusticia. «Queremos organizar una manifestación conjunta en la catedral con otras entidades a las que la Iglesia ha hecho lo mismo que a nosotros», concluye.