«Es, sin duda, uno de nuestro mejores clientes». Esta es la clásica respuesta que uno puede escuchar nada más hablar sobre el turista ruso a los diferentes encargados y responsables de comercios, restaurantes y hoteles de cierta categoría, como es el caso del Hotel Mandarin Oriental, donde esta nacionalidad ha aumentado un 26% respecto al año anterior y opta, más que otras, por su servicio de mayordomo, limusina hasta el aeropuerto y las suites. Y es que todos ellos se han rendido al fenómeno po-russki? (¿habla ruso?), y han incorporado a su equipo personal de habla rusa, información turística y prensa rusa. «Están encantados cuando encuentran sus revistas», señalan fuentes del Hotel Barcelona Center.
Información publicada en la página 303 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 15 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Para la gran mayoría, su estancia en Barcelona forma parte de un periplo por la costa catalana, la península Ibérica o Europa, que llega tranquilamente a las dos semanas (a veces, más). «Son muy inquietos, les gusta moverse», señala Maria Mosolova, informadora rusa de Turismo de Barcelona en la plaza de Catalunya. Y es que no hay más que ver el caso de dos amigas, Lidia Ostrovidova y Limbov Gladysheva, de 32 y 25 años. «Primero hemos estado una semana en Mallorca y venimos tres días a Barcelona. Luego, Málaga, Portugal y Madrid. En total, 18 días» señalaban el pasado jueves. Otros, no dudan en acercarse desde Barcelona hasta Valencia o Andorra para pasar el día.
Su asignatura pendiente: los idiomas. Los que desconocen el inglés -«que son muchos a partir de los 40 años, debido al hermetismo de la Unión Soviética», puntualiza Mosolova- y los que están alojados en pueblos costeros, como Calella o Salou, y llegan de visita exprés a la ciudad, recurren al Bus Turístic, que incorporó el ruso a sus mapas y audioguías ya en el 2007. «Panorámica okay, poco tiempo, only speak ruso», explicaba, casi por gestos, Larissa Valashoba, cuyo campamento base está en Pineda.
La bulliciosa Boqueria es uno de sus lugares favoritos, tanto para comprar un suvenir con auténtico sabor made in Spain como para hacer un descanso al mediodía. «Vienen bastantes a buscar jamón de bellota envasado. Algunos gastan 100, 200 y hasta 300 euros», explica Alejandro Ayala, propietario de la Cansaladeria Ayala. Daniel Arza, del Kiosk Universal, uno de los restaurante del mercado, señala sus preferencias a la hora de comer: «El marisco es lo que más piden, además del salteado de setas». Además de la gastronomía, al elemento que más tiempo le suelen dedicar los rusos en Barcelona es a la arquitectura. Aunque Gaudí es su primera preferencia, no dudan en recorrer los más de 120 kilómetros que separan Barcelona de Figueres para acercarse al museo de Dalí. «Este tira más que Picasso, a este último no lo entienden tanto», explica Mosolova, quien destaca su exquisita formación cultural.
Los rusos que llegan a la ciudad con un alto poder adquisitivo buscan y copan las butiques de firmas internacionales y las joyerías del paseo de Gracia, como es el caso de Carrera y Carrera. Esta, en el número 101, es una de las más solicitadas. «Es el cliente que más gasta de todos y vienen a por nuevas colecciones», señala Begoña Bergós, directora de la tienda. Y es que, según los informadores del Tax Free de plaza de Catalunya (devolución del IVA), por su mostrador han desfilado tíquets de zapatos de 600 euros y de relojes de 15.000.