La autopista más usada de Catalunya y por ello mismo de las más colapsadas, la C-58 de Barcelona a Sabadell y Terrassa (154.000 vehículos diarios), sufrió ayer uno de los mayores y más persistentes atascos matutinos de los últimos meses. Justo el día de la apertura en su seno de una infraestructura innovadora, pero también polémica por el coste (80 millones, el 60% de fondos europeos), que debe darle oxígeno. Se trata del espectacular carril segregado de la Meridiana a Ripollet (Vallès Occidental) para uso de autobuses, taxis, vehículos de alta ocupación (VAO, tres o más personas), coches poco contaminantes y motos. Las colas aquí son endémicas y la apertura del bus-VAO al ralentí (por novedad, poco conocimiento o divulgación, resistencia a compartir o dejar el coche y, quizá también, norma de uso compleja y restrictiva) ni se notó. O sí, pero al contrario para agravar las retenciones por el efecto mirón causado por la expectación ante la nueva vía.
Información publicada en la página 40 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 30 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
MANTENER EL ESPACIO / Fueron miles los conductores que se relajaron unos segundos preciosos, en una autopista que acusa la menor incidencia, al ver lo siguiente: despliegue de mossos, enormes paneles luminosos y señales, muchas cámaras y periodistas, y también sorpresa versus indignación de algunos ante el agravio de observar vacío el nuevo y vedado vial y a rebosar el propio.
A las consecuencias de esta ralentización en cadena se remitió el director general de Transports de la Generalitat, Ricard Font, cuando a mediodía hizo el primer balance. «La congestión no es culpa del nuevo carril. Este se ha creado entre y sobre las calzadas actuales sin restarles espacio, como ha ocurrido, por ejemplo, en la Diagonal o la Gran Via por la red municipal», dijo.
Font insistió en que falta un «proceso de adaptación de uno o dos meses» para avanzar en tres objetivos que se ha marcado el Govern: mejorar el transporte público (con las nuevas líneas exprés de autobuses interurbanos), aumentar el hábito de compartir coche y, a más largo plazo, incrementar el uso de vehículos ecológicos que emitan menos de 120 gramos de CO2 por kilómetro.
CONGESTIÓN GENERAL / En la C-58 los problemas de congestión van mucho más allá de los siete kilómetros finales que cubre el nuevo bus-VAO. Como en tantas otras jornadas, ayer este periódico constató que a partir de las 7.30 horas las retenciones empezaban ya al salir de Terrassa, con cinco kilómetros hasta Sabadell. Continuaban entre Sant Quirze y Badia del Vallès, con cuatro más, y seguían desde Barberà hasta Montcada, al inicio del bus VAO, con otros siete kilómetros.
En el tramo entre las dos cocapitales del Vallès Occidental hay pendiente desde hace años la construcción de unos carriles laterales que ampliarán la autopista a ambos lados y paliarán los atascos, como ocurre ya en el sector anterior a Sabadell viniendo de Barcelona, zona donde pronto se abrirá un establecimiento de la cadena de muebles Ikea dentro de una nueva zona comercial.
El balance de utilización de la nueva infraestrucura fue ayer de 1.550 vehículos en total, de ellos 190 autobuses, según los datos facilitados por la noche por la Conselleria de Territori a partir del control de los Mossos de tráfico. La gran mayoría de usuarios se concentró en la franja matutina de apertura del carril, entre las 6.30 y las 13.00 horas con 1.200 vehículos, 110 de ellos buses y 7.500 personas en conjunto. Por la tarde, de las 16.00 a las 19.45 horas (el cierre se produce a las 22.00, clausura del carril que se mantiene, salvo situaciones excepcionales, los fines de semana) se contaron solo 350 vehículos, incluidos 80 buses (con 3.000 pasajeros en estos y 700 en los turismos). Las motos «son muy numerosas», pero según el departamento todavía no se han podido contabilizar.
Los Mossos establecieron un puesto de control del cumplimiento de las normas del carril a medio recorrido. Por la mañana, descubrieron que el 10% no cumplían las condiciones aunque no fueron multados con los 200 euros previstos al considerar que eran «despistados». La tolerancia acabará pronto.
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