«Este no lo cojas, que es de hoy. Toma, coge este». Jorge Daza, cocinero y copropietario del bar Bidasoa, acerca un diario de anteayer a un joven vestido de blanco de arriba abajo, pañuelo rojo al cuello, look idéntico al suyo. De fondo suena el Riau-Riau y corre el txacolí, el calimocho y la cerveza. No, no es una taberna del casco viejo de Pamplona sino del Gòtic barcelonés, de la calle d'en Serra, ayer reconvertida en una particular calle de la Estafeta. «Le hemos puesto kalea Estoapesta como punto reivindicativo, por la peste que hace esta calle todas las mañanas», cuenta el risueño cocinero justo antes del encierro. Sí, encierro. El primero en la historia de la calle, con dos motos en el papel de toro.
Información publicada en la página 48 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 12 de julio de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Cada año, para el chupinazo, se reunían con los amigos y clientes de toda la vida y brindaban con txacolí. Este año -«no sé si porque el txacolí se nos fue de las manos», bromea Jorge-, se dijeron... ¿y por qué no hacer un encierro aquí, en la calle? Y, en dos días -literalmente, dos-, con el boca a oreja, ayer lograron reunir a decenas de personas, en un ambiente de fiesta grande. Mercedes, Cristina y Georgina son madre, hija y nieta. Son de Gelse, un pueblo aragonés «con mucha cultura taurina», cuentan. Así que, cuando Georgina, la pequeña del clan, conocida del lugar, se enteró del encierro, no dudó en arrastrar a su madre y a su iaia, quienes ayer también rescataron sus pañuelos rojos encantadas. Y no eran la única familia en la animada celebración, en la que no faltó el clásico «a San Fermín pedimos...» -diario en mano- y los tres petardos de inicio.
Mariluz, vecina de la plaza de George Orwell, estaba acompañada por su marido -uno de los que amenizó la fiesta con más «¡Gora San Fermín!»- y dos de sus hijos. «Le hemos mandado una foto a mi hija, a Mallorca, y se ha imaginado que estábamos en Pamplona», cuenta la mujer -quien regenta una pastelería en la misma calle- encantada de que se organicen este tipo de fiestas. «A los que vivimos en estos barrios parece que nos miren un poco así... Y somos gente normal», indica. Y bien maja, por cierto.