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ENHORABUENA CIENTÍFICA EN LA CIUTADELLA

La dragona ponedora

Asmara, reina de Komodo del Zoo de Barcelona, pone 23 huevos, 16 muy hermosos, que los responsables del terrario tardaron tres horas en localizar en una emocionante búsqueda

Sábado, 5 de mayo del 2012 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
CARLES COLS
BARCELONA

Después de comportarse como una avezada Madame de Pompadour el pasado 11 de abril y llevar al éxtasis a Guntur, soberano macho de dragón de Komodo del Zoo de Barcelona, Asmara, con nocturnidad y discreción puso el pasado miércoles por la noche 23 huevos en el terrario que desde hace unos meses es su hogar. Siete estaban visiblemente mal formados, pero los otros 16, ¡oh! los otros 16, eran realmente hermosotes. Si nada se tuerce (crucemos las garras), el próximo mes de diciembre Barcelona será la sexta ciudad europea que consigue el éxito científico de criar en cautividad dragones de Komodo, bestias tan terroríficas como fascinantes en las cuatro islas de Indonesia donde a duras penas sobreviven.

Los dragones de Komodo en el Zoo de Barcelona han puesto 23 huevos ZOO BCN | La puesta de 23 huevos de los dragones de Komodo en el Zoo de Barcelona

Perfecto 8 Uno de los huevos, en la báscula. ZOO DE BARCELONA

Perfecto 8 Uno de los huevos, en la báscula. ZOO DE BARCELONA

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Información publicada en la página 43 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 05 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)

El jueves fue una jornada excitante en el terrario, pues los hábitos de Asmara y sus congéneres no son los de, por poner un ejemplo, una disciplinada gallina ponedora. Durante días, la hembra había excavado largas galerías subterráneas en el terrario (tranquilos todos, debajo hay sólido hormigón) para preparar el parto. Manuel Aresté, hombre precavido además de biólogo y responsable de la instalación, había separado el 27 de abril a la parejita, pues el romance entre dragones de Komodo suele acabar a zarpazos y golpes de cola. Así que ella estaba sola en sus quehaceres cuando el jueves por la mañana, para sorpresa general, cambió sus labores de construcción de túneles por unos sospechosos trabajos de rellenado de túneles. Eso, unido al evidente hecho de que había perdido peso, dos kilos nada menos, hizo que ocho emocionados empleados del zoo llevaran a Asmara a otra estancia y se lanzaran a la búsqueda de los huevos.

Ocho meses a 31 grados

Lo dicho. No fue entrar en el corral y desayunar tortilla. Tres horas duró la localización de los huevos. Una vez descubiertos, fueron delicadamente retirados y llevados a una incubadora. Pasarán unos ocho meses a 31 grados. Cuando eclosionen los que estén bien formados, la especie y Barcelona estarán de enhorabuena.

Lo normal, llegados a este punto del relato de los acontecimientos de los últimos días, es preguntarse qué será de Asmara, qué revés se llevará cuando descubra que le han birlado los huevos.

Nada de eso sucederá. Asmara dedicará las próximas semanas a vigilar el nido. Amontonará un poco más de tierra encima, por si acaso, pero no está entre sus planes asistir entre lágrimas de emoción a la eclosión de los huevos. Sépase que en libertad el primer instinto de los dragones de Komodo recién nacidos es subirse cuanto antes a un árbol, primero porque ahí están a salvo de las aves rapaces, pero también de su propia especie. Para contarlo de una forma amable sirve aquella anécdota que se atribuye a Jorge Luis Borges, al que un periodista europeo intentó irritar con una pregunta provocativa: «¿Todavía hay caníbales en Buenos Aires, señor Borges?» La respuesta fue deliciosa. «Ya no, nos los comimos a todos».

Así son los dragones de Komodo. Bestias de fantasía borgiana si no fuera porque son reales, animales de dieta variada que en su hábitat tropical si no le hacen ascos a su propia prole menos se los hacen aún a la carne humana.

En cualquier caso, aquí y ahora lo fundamental es lo que conlleva desde el punto de vista científico el hecho de que Barcelona haya logrado una reproducción en cautividad. No se trata solo de que aumente la población mundial de una especie amenazada, sino que se garantiza además una sana variedad genética en los parques zoológicos de Europa, pues las dragonas de Komodo, según se descubrió con pasmo en el 2006 en Chester (Inglaterra), son capaces de reproducirse si es necesario sin necesidad de aparearse. A esa filigrana reproductiva se le llama partenogénesis. Es un truco muy útil en estado salvaje, en especial para un animal que vive en islas y que el azar puede dejar medio aislado, pero en cautividad es una seria amenaza porque abre la puerta a que la especie degenere por falta de sangre nueva en la familia y en lugar de una voluptuosa Madame de Pompadour termine por exhibirse en el terrario a un raquítico e impresentable Carlos II El Hechizado.

Ahora, en resumen, solo resta esperar. En diciembre probablemente Guntur y Asmara serán padres. Felicidades. No podrán comerse a sus hijos.

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