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a pie de calle

Diseño en lugar de curas y condones

Viernes, 17 de junio del 2011 Imprimir Enviar esta noticia Aumentar/ Reducir texto
Edwin Winkels Periodista

La intrigante caseta en una inmensa terraza interior de un principal del Eixample donde la plácida tarde del miércoles se sirve frío un chardonnay de Frioul, que es el vino preferido de Madame la Marquise, esa caseta, reformada por dentro, intencionadamente destartalada por fuera, olía antes a goma quemada. Fue ahí, en Enric Granados, entre Còrsega y París, donde don Sergio García Feliu, fallecido en el 2009 a los 80 años de edad, tenía su fábrica de preservativos, que vendía sobre todo en los clubs de carretera. Antes, su padre producía los condones -aún prohibidos durante buena parte del siglo pasado- ilegalmente en las afueras de Barcelona. En esa misma caseta donde después olería a látex, cuenta Peter Guest, ahora uno de los vecinos del principal, se refugiaban al inicio de la guerra civil sin éxito los huéspedes de la residencia de curas que había en este piso; los mataron a todos, tirando sus cuerpos por el balcón a la calle.

Patricia Ballesté (a la izquierda), con la escultora Teresa Estapé. EDWIN WINKELS

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Información publicada en la página 37 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 17 de junio de 2011 VER ARCHIVO (.PDF)

Ese en ese piso lleno de historia y anécdotas donde Patricia Ballesté ha abierto las ventanas, ha pintado las paredes de blanco y ha vaciado las habitaciones para abrir un espacio multifuncional, que se inauguraba este miércoles con una exposición de la joven escultora Teresa Estapé. Aunque más que exponer, Estapé se ha apoderado del espacio, tejiendo telarañas en los rincones y forjando elementos de hierro que ella no quiere llamar arañas porque aún asustan a alguna gente. «El piso me recordaba al de mis abuelos, y de ahí ha venido mi inspiración».

Madame la Marquise es el nombre que la diseñadora Patricia le ha dado al fenomenal espacio, inspirándose ella en una canción del francés Ray Ventura de los años 30, una canción llena de desgracia, pero con siempre la misma frase final del estribillo: «Tout va très bien, tout va très bien», todo va muy bien, Madame. Una pequeña habitación interior está llena de curiosidades de la supuesta señora marquesa, las otras se abrirán para cualquier tipo de acontecimiento -hay prevista una fiesta infantil en el que el ilustrador Jordi Duró invitará a niños a pintar las paredes-, exposición o sesión fotográfica. «Es como un gran lienzo en blanco que te ofrecen», dice Teresa.

Mezcla de visitantes

3 Madame la Marquise nos invitó a su inauguración con un llamativo sobre de color rosa que el conserje de este diario me trajo en mano, con una traviesa mirada de entendimiento, como si él ya supiese de qué iba esta invitación. Pero no, la soirée de Patricia Ballesté no tiene nada picante más allá de ver una mezcla de visitantes, desde gente vestida para una ocasión mayor hasta estudiantes de diseño en tejanos, y algunos despistados. «¿Dónde está la exposición?», pregunta una señora mayor al llegar a la terraza tras haber atravesado ya la principal habitación con obras. Seguramente, se siente como en una casa, que es como debe ser. Una casa de creatividad, originalidad y sentido del humor. Una casa atípica, pero una casa.

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