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NOVEDADES EN LA CAPITAL CATALANA

Diseño 'low cost' hotelero

BCN gana alojamiento asequible sin perder calidad, en busca del turista internacional

PATRICIA CASTÁN
BARCELONA

Viernes, 25 de enero del 2013

Recepción singular 8Mostrador de maletas del Chic&Basic Ramblas, ayer.

Hasta hace muy poco, Barcelona era una ciudad cuatro estrellas. Y con creciente hambre de cinco. El aumento de estas dos categorías fue continuo hasta antes de la crisis, cuando el metro cuadrado de suelo era tan caro que apenas se podía construir nada rentable que estuviera por debajo. El auge del turismo de lujo alentó este crecimiento, que solo la recesión ha podido matizar. Ahora las categorías bajas también sacan pecho, con la particularidad de que lo hacen a lo grande, es decir, con sello de diseño, como en el recientemente inaugurado Chic&Basic Ramblas, que sugiere un viaje a los años 60 desde la minúscula calle de Gutenberg, junto a las Drassanes.

El 2012 se cerró en Barcelona con 65.100 plazas hoteleras, donde ganan por goleada las cuatro estrellas (y cuatro superior), con más de 34.000. Las de cinco, con 9 establecimientos, más 15 de gran lujo, ya son más de 8.700. Un panorama que contrasta con las más de 5.700 de una o dos estrellas. En las apañadas tres estrellas, la cuota es de 16.442, distribuidas en 119 hoteles.

El año pasado ya reflejó la intención de ganar habitaciones a precios teóricamente anticrisis, con cinco nuevos tres estrellas. Este año la ciudad ganará una inauguración de dos y otra de una; en el 2015, habrá otro hotel de tres y otro de una. ¿Quiere decir que la ciudad sucumbe al low cost hotelero? Viendo las novedades y su calidad, indican fuentes del sector, lo que se deduce es que la ciudad prosigue con la imparable renovación (y ampliación, más ralentizada) de su planta, adaptándose a todos los bolsillos del visitante.

Un viajero mayoritariamente internacional, que valora lo diferencia y «los detalles personalizados», opina uno de los socios de Chic&Basic, Hugo Bertrand, que con el de Ramblas da continuidad al del Born, a un aparthotel en la zona y al inminente Hotel Zoo, junto a la Ciutadella.

El presentado ayer, a pie de Rambla, es un alarde - a cargo del estudio de diseño Lagranja- de cómo convertir un edificio sesentero de los feos (cuyo exterior se mantiene) en toda una sorpresa visual de puertas adentro, apostando por la misma época (y por los 70), en versión positiva, que invite a «sonreir». Tanto que bien merece una visita, aunque sea en calidad de curioso, o a su económico gastrobar para sumergirse en los 60, representados con un Seat 600 tuneado, mostrador construido con maletas de viaje con solera e iconografía variada.

Las habitaciones (van de los 80 a los 130 euros según tamaño y fechas) lo tienen todo funcional (incluso minicocina) pero resultón, como busca el cliente joven o moderno, que rechaza los hoteles clonados. Cada estancia es de un color y tiene una atmósfera, pero la singularidad es que cada planta se destina a un motivo y las 97 puertas de sus habitaciones lucen fotos entrañables de Colita, Oriol Maspons, Xavier Miserachs y Toni Riera retratando una época inolvidable. La gauche divine, la publicidad, los iconos de diseño, el folclore, la cultura social son la invitación a que el huésped devore el hotel entero.

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