Que el amor mueva realmente montañas deberían certificarlo geógrafos. En la terminal 1 del aeropuerto de El Prat lo que sí pueden confirmar es que el compromiso sentimental de una pareja ha logrado desmontar este verano una rampa mecánica. La madrugada del 19 de junio, dos técnicos y un ingeniero del servicio de mantenimiento de instalaciones de Thyssenkrupp Elevadores dedicaron cuatro horas a desmontar por completo la rampa que da acceso al estacionamiento de taxis desde la nueva terminal de El Prat. Su misión era clara, precisa… y romántica: encontrar el diamante de un anillo de compromiso.
Tugce Ertekin y Carles Fernández muestran el anillo cuyo diamante han logrado recuperar. ÁLVARO MONGE
Información publicada en la página 318 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 11 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
En medio de papeles, polvo y pedazos de ruedas de maleta, vieron algo que brillaba con intensidad. Era el diamante que se desprendió del anillo que Carles Fernández le regaló a la que hoy es su esposa,
Tugçe S. Ertekin.
Regresaban de su luna de miel en Tailandia cuando las maletas que ella cargaba volcaron en la rampa mecánica de la T-1. En el taxi, ya casi en casa, ella se dio cuenta de que el diamante de su anillo no estaba. La pareja decidió volver al aeropuerto y deshacer todo su anterior recorrido. «Lo revisamos todo y preguntamos al personal del aeropuerto, a la gente de la compañía con la que habíamos volado, en la oficina de objetos perdidos, a los taxistas e incluso a la policía del aeropuerto», explica él.
Ella, recordando las maniobras con el equipaje en el descenso por la rampa mecánica, intuía que podía haberse desprendido allí y haber entrado por alguna ranura. «El policía del aeropuerto que nos atendió nos localizó un contacto con el servicio de mantenimiento de la terminal y, después de muchas llamadas telefónicas, conseguí una dirección de correo electrónico», recuerda Fernández. «Enseguida me respondieron diciéndome que intentarían hacer lo posible para encontrarlo, pero unos días más tarde me comunicaron que no lo habían encontrado. Me sentí en un callejón sin salida. Era como buscar una aguja en un pajar», explica.
Pero unas semanas después, un correo inesperado le hizo saber que podían haber encontrado la piedra del anillo. El departamento de Electromecánica de AENA había adelantado una de las revisiones periódicas de la instalación, que incluyen el desmontaje, y en esta ocasión fue más exhaustiva y minuciosa, aunque sin coste extra, hasta dar con el diamante, explican fuentes del aeropuerto.
Carles Fernández estaba trabajando cuando le comunicaron que podían haber encontrado el diamante. «Sin decirle nada a ella, considerando que pudiera tratarse de una falsa alarma, pedí a mi jefe un par de horas para ausentarme y me fui al aeropuerto. En mi oficina, estaban al corriente de la pérdida y todos me desearon mucha suerte», rememora.
Carles guardó el diamante en secreto durante unos días. «Un viernes por la tarde, preparé una cena especial, compré una botella de vino y, al final, en los postres, se lo di», detalla el marido de Tugçe. «Estamos inmensamente agradecidos a toda la gente del aeropuerto que llevó nuestro caso, al personal de la oficina de objetos perdidos y, especialmente, a los dos técnicos a quienes debemos esta proeza. Confiaron ciegamente en nosotros y han demostrado una gran tenacidad y honradez. Todos nos han demostrado que la gente te apoya mucho más de lo que muchas veces esperamos», afirma la pareja.
Ambos tenían claro que no comprarían otro anillo. «Al menos a corto plazo. Justo a nuestro regreso del viaje, la universidad en la que trabajaba mi mujer le comunicó que no podían seguir pagándole el doctorado. Ella trabajaba en Vall d'Hebron investigando sobre el cáncer de útero. Sin trabajo de un día para otro, no podíamos pensar en otro anillo», dice Fernández.
Reconstrucción en Turquía
Carles Fernández tiene 29 años y nació en Santa Cristina d'Aro (Baix Empordà). Conoció a Tugçe S. Ertekin, que es de Estambul y tiene su misma edad, por internet. Hace unos años, durante unas vacaciones con un amigo, viajó a Estambul para conocerla personalmente. Se prometieron hace un año y medio, la noche en que él le entregó el anillo con el diamante. «Ahorré durante mucho tiempo para poderlo comprar», confiesa. «El joyero que lo hizo es turco, un buen amigo del padre de Tugçe, que se entristeció mucho al saber que lo habíamos perdido. En el próximo viaje que ella haga a Turquía, se lo llevará para que se lo enganche».