Joan Barril
Periodista
De la misma manera que los guerreros zulús intentaban derrotar a sus enemigos británicos con sus aullidos corales y de la misma manera como el Timbaler del Bruc consiguió hacer huir en desbandada a un destacamento napoleónico, también el fragor del combate ha llegado todavía hasta nosotros. No hay día de manifestación o de riesgo de alteración del orden público sin que el cielo de Barcelona se vea atronado por los rotores de los helicópteros policiales.
Un helicóptero policial sobrevuela, en abril del 2011, una manifestación de indignados en la plaza de Catalunya. RICARD CUGAT
Información publicada en la página 36 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 24 de mayo de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Sin duda, el helicóptero es una máquina concebida para sembrar el miedo entre la gente. El helicóptero vuela cerca y a una velocidad lenta. Los tripulantes del helicóptero pueden ver la cara de las personas a las que persiguen. Y éstas, a su vez, pueden identificar a los pilotos mientras están siendo fotografiados o -en el peor de los casos- ametrallados.
Los helicópteros militares tienen funciones aniquiladoras. Pero los helicópteros civiles lo único que hacen es recordar al conjunto de la población que el poder siempre está por encima y que el estruendo de los rotores es lo más parecido a las trompetas del apocalipsis. Una, dos y hasta tres horas y la gente común, la que no se manifiesta, va buscando en el cielo barcelonés a estos ruidosos ojos de la ley. A su vez los pilotos de los helicópteros van informando a las brigadas de tierra por la senda que siguen los manifestantes. Son los ojeadores de la protesta social. Máquinas de cetrería que intentan echarle mano a la presa.
Una vez que haya sido detenida, habrá que comprobar si va con capucha o bien lleva una barretina, pero para eso está la memoria del helicóptero en días de guerra. Si el pintor Ramon Casas tuviera que repintar de nuevo la magnífica pieza La càrrega ya no lo haría colocando un caballo en primer término y los mostachos del guardia civil sable en alto. En estos momentos el arma más moderna sería el helicóptero y los ciudadanos indignados se arremolinarían bajo las copas del arbolado urbano.
Me siento en una plaza apartada de la ruta de la protesta y hablo con un anciano jovial. Me dice: «Siempre me acuerdo de un chiste que corría por la escuela. Lo contaba mi amigo Antonio Ruiz y hacía unas espléndidas imitaciones de Francisco Franco. Decía: 'Hay que estar orgulloso de ser español. España ha inventado el autogiro. Me diréis que no vuela. Pero yo os pregunto, ¿acaso vuela la gallina que es la más preciada de las aves de corral?»
Reímos bajo el estrépito de los aparatos que nos sobrevuelan. El helicóptero en tiempos de paz es más un símbolo que una herramienta. También a los hombres se les llama caballeros por el mero hecho de montar a caballo en tiempos en los que de esas monturas habían pocas. Lo más importante de los caballeros no era el animal que llevaban entre las piernas sino el metro y medio de altura con el que los caballeros podían mirar a sus vecinos y así convertirles en súbditos.
Carroza del siglo XXI
3 Nunca olvidaré cuando hace años el financiero y, según Jordi Pujol, empresario ejemplar Javier de la Rosa se presentó a una cena en honor de Henry Kissinger en un restaurante de la Costa Brava. Los pilotos del empresario se posaron sobre un puente en construcción y allí les esperaban los habituales Mercedes negros que el valedor de KIO tenía a su disposición. Imagino que Kissinger, el autor en la sombra de Apocalypse Now, debió sorprenderse del boato tecnológico que significaba la llegada a una cena en helicóptero.
Porque el helicóptero es el equivalente de la carroza del siglo XIX. La gente, cuando lo ve, casi se persigna. Y los manifestantes indignados miran al cielo y piensan que para ellos ya no queda ninguna esperanza.