Los estragos que producían aquellos sonados sorteos de vivienda de protección oficial de hace escasos años, donde el agraciado con un piso a precio no disparatado --de alquiler o compra-- se sentía más feliz que si hubiera hecho el pleno del Euromillones, se han deshinchado con la misma furia que la dichosa burbuja inmobiliaria. Si entonces los afortunados se abalanzaban sobre su propiedad como única posibilidad al alcance de su bolsillo, ahora la tortilla se ha girado hasta llegar a límites insospechados. El ayuntamiento prepara filtros de elección que reduzcan los rechazos en uno de cada tres casos
Ana P., inscrita sin suerte en el Registro de Solicitantes de Viviendas de Protección Oficial de Barcelona en el 2009, supo este verano que la crisis también comporta milagros. Le había correspondido por sorteo un tristísimo número 710, que la alejaba de las 181 viviendas de alquiler para jóvenes que integran la promoción del número 75 de Diagonal. Pero iba a poder quedarse con una de ellas ante el alud de renuncias por parte de los cientos de aspirantes que iban delante de ella. ¿Las razones? Múltiples, empezando por el dinero. El ayuntamiento calcula que el rechazo por cuestión económica de los pisos protegidos ha pasado de representar el 5% (finales del 2010) al 14,5%.
Cuando los aspirantes se inscriben en los registros para optar a alguno de los pisos dotacionales que adjudica el Consorci de l'Habitatge (integrado por ayuntamiento y Generalitat) saben que hay que cumplir unos requisitos y contar con un tope de ganancias, que luego se afinan en los filtros de cada promoción. Lo que no podían imaginar muchos de ellos es que sus ingresos se habrían visto afectados hasta el punto de no poder asumir ni tan siquiera el coste de un inmueble dotacional o que no habría manera de conseguir una hipoteca. Una circunstancia que genera renuncias, junto con el hecho de que en muchos casos la zona no es del agrado del agraciado. De hecho, hay promociones de protección oficial en barrios periféricos que aguardan morador muertas de pena, por falta de interés de potenciales ocupantes.
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