Al crimen organizado se le combate con unidades como las que tan bien retrata la serie de televisión The Wire (o eso al menos apetece creer) y para chisgarabís, mercachifles y robaperas basta a menudo con la pieza básica de todo cuerpo policial, la pareja de agentes. Cornellà, sin embargo, ha puesto en marcha una experiencia, inédita probablemente, destinada a combatir no solo la delincuencia y el incivismo, sino algo tan escurridizo como la sensación de inseguridad. Desde el pasado septiembre, cinco agentes de la policía local de Cornellà patrullan el barrio de Sant Ildefons. Van de uniforme y siempre juntos. Al ayuntamiento le ha satisfecho tanto la prueba piloto que se prepara para extenderla al resto de la ciudad.
Información publicada en la página 46 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 17 de diciembre de 2011 VER ARCHIVO (.PDF)
Antonio Martínez, primer teniente de alcalde de Cornellà, realiza una imprescindible advertencia previa: «Esta es una ciudad segura». No hay, pues, ni un episodio violento tiempo atrás ni una batería de quejas de perfil muy concreto que haya aconsejado poner en marcha tan singular unidad. El origen es la eterna necesidad de cualquier municipio de lograr que los vecinos de un barrio se sientan seguros, aunque sus miedos sean a veces infundados. «La percepción de inseguridad se combate con uniformes», opina Martínez. Así nació la USC (Unitat de Seguretat Ciutadana) de Cornellà.
En tres meses en la calle, los cinco agentes de la USC han dado parte de 602 actuaciones. Hay de todo. 56 veces ha sido por casos relacionados con drogas. En 74 ocasiones han ido a poner orden porque alguien perturbaba con ruido el sueño de los vecinos. A los que ensucian la calle les han advertido o directamente denunciado 321 veces. El número, en cualquier caso, no importa en exceso salvo porque, como decía Hipócrates, «la guerra es la mejor escuela del cirujano».
Lo interesante de la USC es su perfil. De entrada se trata de policías que se han presentado voluntarios para la prueba piloto. Son un cabo y cuatro agentes, pero estos últimos de características bien distintas. Dos de ellos son el clásico policía de barrio. Los otros dos son agentes hasta hace poco adscritos al grupo de intervención nocturna. El jefe del grupo, el cabo Ferran Rivera, tiene un fascinante modo de definir qué son todos ellos juntos. «Somos la mano izquierda o la derecha según convenga», resume. Si lo que se requiere es diálogo para resolver un conflicto, la USC lo tiene. Si lo que se requiere es, por decirlo eufemísticamente, presencia física, también.
La USC patrulla Sant Ildefons de seis de la tarde a una de la madrugada. Los viernes y sábados la jornada concluye más tarde, a las cuatro de la madrugada del sábado y el domingo. Son, se supone, las horas críticas en el barrio, cuando algunas plazas y rincones recónditos son utilizados, por ejemplo, por grupos de jóvenes que, lo sean o no, los vecinos temen que sean pequeñas bandas de delincuentes.
CINCO IMPONEN MÁS QUE DOS / La conclusión del ayuntamiento es que la experiencia ha sido un éxito. De ahí la voluntad de crear en breve cinco unidades idénticas para el resto de la ciudad, sobre todo porque hay vecinos y comerciantes del barrio que comparten las conclusiones de los responsables municipales. «Sin exagerar, esto ha sido maravilloso», subraya Carmen López, residente en la plaza de Galicia, que atribuye a la USC el mérito de que apenas haya ya en la zona las habituales peleas de los fines de semana frente a su casa. Cinco agentes imponen más respeto que dos, destaca López como clave del éxito.
Miguel Zarayo, propietario de un oficina de administración de fincas y otro entusiasta de la USC, asegura que desde el mirador de su oficina resulta ahora casi imposible ver los antaño habituales trapicheos de drogas. «Han desaparecido», dice.
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