J. G. ALBALAT / Barcelona
La Audiencia de Barcelona ha condenado a un año y dos meses de prisión y una multa a Miguel G. G., que ha regentado el bar Tarkus de la calle Avinyó de Barcelona, como autor de un delito de contaminación acústica. Según la sentencia de la Sección 21, el acusado instaló en el local una cadena musical sin limitador de sonido y las emisiones sonoras generaron molestias a los vecinos. El tribunal ha aplicado la atenuante de reparación del daño, ya que en el 2009 el imputado acondicionó debidamente el local.
La sentencia relata que Miguel G. G. regentaba desde junio de 1988 el bar Tarkus y que en octubre de 1996 transformó, sin que conste licencia o permiso administrativo alguno, dicho establecimiento en un bar musical. Así, instaló una cadena de música sin limitador de sonido dedicándose a organizar conciertos en directo. Entre 1996 y el 2004, el Distrito Municipal de Ciutat Vella incoó hasta tres expedientes sancionadores al imputado por actividad ilegal y contaminación acústica.
A pesar de ello, entre octubre del 2007 hasta septiembre del 2009, las emisiones sonoras del bar generaron, según sostiene la resolución judicial, inmisiones de ruido en el domicilio del piso principal del bloque donde está ubicado el local. Los vecinos alegaron al presentar la denuncia que padecían un proceso crónico de cansancio y estrés como consecuencia de la continua emisión sonora producida todas las semanas, de martes a sábado y en horario de las 22 horas a las 3 horas.
En seis meses, entre octubre del 2007 y abril del 2008, los afectados denunciaron en cuatro ocasiones al local ante la Guardia Urbana y, posteriormente, en el Distrito de Ciutat Vella. Finalmente, el caso llegó a la Fiscalía de Medio Ambiente de Barcelona.