Xavier Trias dijo la semana pasada en una emisora de radio que las personas que entran en Barcelona desde las localidades del área metropolitana deberían acostumbrarse a usar el transporte público y dejar el coche en casa. Respondía a una pregunta sobre los atascos que a diario sufren los conductores que acceden a la ciudad por la Gran Via y, sobre todo, por la Diagonal. Mónica vive en Molins de Rei y se toma su tiempo para analizar las palabras del alcalde. "Punto uno: nadie debe decirme cómo tengo que ir de un lugar a otro. Punto dos: cuando vea a los políticos en el metro, me lo pensaré. Punto tres: si cuento los tiempos de ir a la estación, coger el tren y luego andar hasta la oficina, tardo casi 40 minutos más". Esta comercial de 32 años que trabaja cerca de Tetuan seguirá usando su pequeño utilitario a pesar de que las colas matinales se hayan disparado a consecuencia del despliegue de la nueva red ortogonal de autobuses que ha sembrado la ciudad de nuevos carriles bus-taxi.
En la cola de la Diagonal hay muchos nervios acumulados. Nunca fue un acceso libre de obstáculos, pero a trancas y a barrancas, se iba avanzando hasta alcanzar el destino. Ahora, ese nuevo vial reservado al bus y al taxi ha reducido un 33,3% el espacio destinado al tráfico privado. Por mucho que la crisis haya achicado la movilidad motorizada, no hay ciudad que engulla un embudo de este calibre con facilidad. Y menos Barcelona, con 1,7 millones de personas viviendo en los municipios que la rodean.
El carril por el que avanza el H6, la línea que une la Zona Universitària y Fabra i Puig, está casi siempre vacío (observen la foto), algo que saca de quicio a los automovilistas cuyo único consuelo es la radio. Amparo viene de Sant Feliu de Llobregat. Desde la implantación de la red, a principios de octubre, calcula que cada día pierde una media de "20 o 25 minutos". Concreta que el problema empieza ya en la autopista, con retenciones a la altura de Esplugues. Pero al parecer, el conflicto serio se manifiesta frente al RACC, donde un semáforo origina un morrocotudo tapón que luego se agrava con el paso de tres carriles a dos. "Todo vuelve a la normalidad en Carles III, junto a El Corte Inglés. El bus desaparece y recuperamos cierta fluidez", celebra esta arquitecta de 45 años.
En las redes sociales son muchos los conductores que quisieran contarle un par de cosas al alcalde sobre sus nuevas mañanas en la avenida. Álvaro se pregunta "por qué se han cargado una de las pocas calles que todavía funcionaba»; Cesc llama "iluminado" al político que dio luz verde al proyecto, y Mario estima que por mucho tiempo que se pida de adaptación, "los coches que vienen de fuera nunca podrán volar".
Joaquim Forn, primer teniente de alcalde y presidente de TMB, admitía la semana pasada que se había notado un incremento del tráfico, pero al mismo tiempo pedía calma y unas semanas más para que todo volviera a la normalidad. Lo cierto es que ha pasado casi un mes y Amparo y su paciencia siguen perdiendo esos 25 minutos que bien los invertiría en prolongar el desayuno.
En la Gran Via se pintó el primer carril bus-taxi doble de Barcelona entre la plaza de Espanya y la rambla de Catalunya. En esta arteria se ha prohibido el paso a vehículos particulares en el vial de montaña y se ha eliminado el aparcamiento del lado mar para compensar ese corredor de más entregado al transporte público. Este pasillo ganado, sin embargo, casi no se nota porque la estrechez de la calzada sur obliga a los coches a ir de uno en uno. Los vecinos han presenciado varios accidentes por culpa de los giros prohibidos a la derecha. Sea por desconocimiento o por temeridad, todavía hay conductores que buscan bajar hacia el mar, atravesando el doble carril bus. Entre el 1 y el 26 de octubre, entre la plaza de Espanya y Aribau se han producido cinco accidentes, según los datos de la Guardia Urbana. Parecerán muchos, pero en el mismo periodo del año anterior fueron 14, así que, desde el punto de vista de la seguridad, la red ortogonal le ha sentado bien a la arteria; amén de los listillos que seguirán poniendo a prueba los reflejos del piloto de TMB.
En la Gran Via también preocupa el tramo de la plaza de Espanya. Ahí es donde debe hacerse la selección entre calzada central o lateral, pero como el segundo trazado obliga a comerse la rotonda, la mayoría opta por el túnel y solo cuando lo atraviesan se dan cuenta del error. El consistorio lo tiene en tareas pendientes, junto a la prioridad semafórica, la mayor frecuencia de paso de los autobuses y, ya puesto a pedir, el conflicto con la plantilla que en el último mes ha desembocado en 15 días de huelgas intermitentes.