Verles es toda una gozada. Cada verano, justo después de la verbena de Sant Joan, y hasta noviembre, un grupo en su mayoría formado por mujeres jubiladas convierte la plazoleta de la playa del Bogatell en el escenario de una clase de gimnasia en toda regla. Empezaron de manera tímida unas pocas señoras en las escalinatas de la vecina Nova Icària, con el furor deportivo del 92, pero hace ya unos 15 años se trasladaron para ganar accesibilidad a la zona donde están unos muy concurridos aparatos de gimnasia. Y aunque el alumnado, que hay días que suma las dos docenas de personas, se ha ido renovando, algunos siguen fieles a su cita diaria desde los inicios, como Genoveva Casco, que a sus 86 años se coloca a diario frente a este curioso grupo que su ayudanta y voz cantante de la prole, Bárbara Martínez, de 76 años, denomina El club de las bien paridas. Y realmente lo son. Bien paridas. También ellos.
Un grupo de alumnos de Genoveva Casco, entre los cuales está su ayudanta, Bárbara Martínez (con el bañador negro y blanco), el miércoles. JOSEP GARCIA
Información publicada en la página 318 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 10 de agosto de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
«La realidad solo es una, las mujeres tienen mucha más iniciativa», explicaba ayer Julio Bondia mientras miraba cómo su esposa, Antonia Muñoz, hacía estiramientos en una barra siguiendo las instrucciones de Bárbara, que lleva 14 años acudiendo a ese lugar al que llega subida en una floreada bicicleta desde su casa, junto a la catedral. Y si solo miraba no era por falta de ganas de sumarse a la clase, sino porque acaban de colocarle una prótesis en la rodilla y por ahora debe hacer una rehabilitación específica. Este matrimonio de Nou Barris es de los últimos fichajes. Descubrieron la iniciativa paseando un día por la playa y se acaban de sumar a las clases, que se realizan a diario, más o menos entre las 9 y las 10 de la mañana, para evitar en lo posible la solana.
La pareja está en forma, pese al contratiempo de él, un percance que le impedirá realizar este año su tercer Camino de Santiago. «La primera vez que lo hicimos yo tenía 72 años. La segunda, 74. Me hacía ilusión repetir antes de los 80, pero no va ser posible». Aunque nadie lo diría, el mes que viene los cumplirá.
Ese estar en forma es una de las características de la mayor parte de los participantes. Solo hace falta observarlos. «Aquí no venimos a hacer chafarderías ni a perder el tiempo. Aquí venimos a trabajar», soltaba una enérgica Bárbara poco antes de empezar a dirigir a un disciplinado grupo a los gritos de «¡Patada hacia el Poblenou!, ¡Palmas en el culete!, ¡Señalemos al pirulí! ¡Haced el favor de llevar el ritmo!», unas órdenes que intentaba suavizar Genoveva, la más veterana. «Despacio, despacio», iba advirtiendo delante de los alumnos, a algunos de los cuales corregía la postura. «Es que Bárbara es muy nerviosilla. Va demasiado rápido y la gimnasia se ha de hacer poco a poco. Cada uno ha de llegar hasta donde pueda», justificaba. Que en su caso, es mucho, ya que con una pasmosa facilidad tocaba el suelo con las palma de las manos y demostraba una flexibilidad trabajada desde los 14 años, cuando empezó a hacer unas clases de gimnasia que no ha abandonado.
Y esa determinación que Genoveva demuestra ante su auditorio también la saca a la hora de reivindicar mejoras para ese lugar, donde a veces hace un hedor insoportable por las aguas estancadas. «Hemos hecho gimnasia con una mascarilla. A la que veo que algo no está bien, escribo al ayuntamiento», contaba. En ocasiones, le han hecho caso, como cuando consiguieron ganar algo de espacio para las clases al reducir alguna plaza del estacionamiento para bicicletas. Ahora está en que arreglen el suelo de la plaza, levantado en algunas zonas. Razón no le falta.