la mayoría de viajeros ya conocen la experiencia de alojarse en un apartamento turístico en París, Nueva York, Berlín, Ámsterdam y un sinfín de grandes urbes donde familias y grupos, especialmente, encuentran una fórmula que permite una mejor integración en la nueva ciudad que un hotel. Y también posibilita cocinar, hacer vida casera y reducir gastos. Un negocio que en los últimos años ha ido proliferando también en Barcelona, y que ahora alcanza cierta madurez con la incorporación de 1.098 pisos turísticos con licencia en solo ocho meses, casi cuatro veces más que los autorizados en todo el 2011. La parte positiva de estos 3.781 apartamentos es que amplían las miras y la oferta turística de la ciudad. La negativa es que, en los casos en que no están bien gestionados, generan problemas de convivencia en algunas fincas, lo que puede poner en contra a los vecindarios. Para evitar que el invento muera de éxito, las propias empresas que gestionan gran parte de estos pisos están ejerciendo de guardianes del orden.
Información publicada en la página 36 de la sección de cv Gran Barcelona de la edición impresa del día 25 de octubre de 2012 VER ARCHIVO (.PDF)
Imposible conocer la oferta real de pisos turísticos en Barcelona, donde la normativa obliga a obtener la licencia correspondiente para ejercer esta actividad, pero aún son muchos los propietarios que sacan rendimiento a inmuebles desde la sombra. Se sabe que los autorizados no han dejado de crecer, a un ritmo de una media de 137 por mes este año. Tanto, que el negocio ya resulta menos rentable, y la ocupación ha bajado al 67% en septiembre, nueve puntos por debajo del mismo periodo del 2011, alertan.
Los principales motivos del auge apuntan a la crisis. Hay quien los concibe como un pequeño negocio doméstico, preferible a un piso de alquiler fijo, y con menos riesgo de impago. Y quien no confía en los bancos y opta por invertir en inmuebles, en un momento de precios bajos, para sacarles rendimiento. Pero el auge de pisos legales puede deberse también a la salida de la clandestinidad de los que ya estuviesen operados para este fin, y cuyos titulares quieran cubrirse las espaldas ante posibles quejas o denuncias, reflexiona Frank Granados, vicepresidente de Apartur, que aglutina a la mayoría de empresas especializadas en estos servicios. De hecho, excepto en Ciutat Vella, donde hace tiempo se puso coto a las licencias, en el resto de la ciudad es una actividad permitida.
CUALQUIER DISTRITO / El Eixample y Sant Martí son los dos distritos con más oferta, al margen de Ciutat Vella. Pero la fórmula alcanza a cualquier barrio. Empresas importantes del sector, como Oh-Barcelona.com, que gestiona una cartera de más de 450 apartamentos turísticos en la ciudad, hacen énfasis en potenciar que el viajero se aloje en cualquier distrito. «En la web damos información de todas las zonas y queremos evitar la sobreexplotación de una sola», cuenta un portavoz. Y agrega que las dimensiones de la capital catalana y las facilidades del transporte público hacen que la ubicación no sea determinante para muchos viajeros, que pueden valorar la calidad del alojamiento y su precio. No obstante, está claro que la Rambla y el centro son palabras clave a la hora de muchas reservas.
MÁS CONTROL / ¿Quién utiliza apartamentos turísticos? En Oh-Barcelona cuentan que su clientela es de 25 a 60 años, y que los problemas que genera este perfil de usuario son nulos. Granados apunta a que las familias son el público clave, y también pequeños grupos, que no tienen por qué generar problemas de ruidos ni convivencia «si la empresa gestiona bien» el inmueble.
La mayoría de conflictos se producen cuando los pisos se alquilan a grupos de jóvenes, en despedidas de solteros o celebraciones, casi siempre en casos sin licencia. No obstante, son muchas las empresas que evitan este tipo de clientela, a sabiendas del riesgo de denuncias que conlleva. Otra estrategia es imponer una fianza que no solo afecte a los daños en el piso, sino también a posibles quejas y sanciones.
En Apartur afirman que la clave es que el cliente ponga cara al gestor, que se personalice el trato al máximo y se explique in situ que hay que respetar las normas. El alcalde, Xavier Trias, anunció la semana pasada que quiere poner orden, pero difícilmente podrá lograrlo por la vía inspectora .